sábado, 17 de diciembre de 2016

SALIR DE LA CARCEL QUE NOS SEPARA DE LA REALIDAD.


No eres la cara que de ti ves en el espejo,
Ni tus gestos, ni tu cuerpo,
Ni lo que piensas, sientes o te emociona.
No eres tus recuerdos, ni tus creencias,
Ninguna imagen, idea o forma eres.
Tu personalidad, por supuesto, no la eres,
Como tampoco tu carácter, ni tus obras,
Ni ninguna de las experiencias que vives o por las que pasas,
Tampoco tu mundo, ni el universo al que perteneces,
Ninguna cosa de las que se puedan señalar eres.

Todo aquello con lo que te identificas te empequeñece y limita,
Todo aquello de lo que te haces depender te encarcela.
Tú eres el que juega y experimenta con todo
Hasta llegar a creer que eres el hacedor y lo hecho,
El actor y la obra. Eres más que todo eso.
Porque todo es un juego, dramático mientras no se conoce,
Divertido y maravilloso al despertar.

Vivimos el juego del olvido y la ignorancia,
De la separación, la finitud y la muerte,
Un juego que termina cuando abrimos lo ojos del ser en medio de él,
Dando paso, entonces, y así lo vemos, al inicio de la realidad vivida y concienciada.
Así salimos de la estrechez de una cárcel fabricada por nosotros

Y que habíamos confundido, -por calculado error- , con la verdad.

PERSONA, ALMA, SER

                                            

Como Personas la anécdota, las historias, toda una vida y muchas más,
Haciendo, creando, luchando, experimentando
Sufriendo, gozando, persiguiendo el placer y huyendo del dolor,
Y todo eso formando un cerco y finalmente, a nuestro pesar, una cárcel
Hecha de hábitos y de convenciones, de reacciones mil,
Mundo del ego y de la mente, de las emociones, de lo caduco, del límite y de la muerte.

Pero en algún momento, por agotamiento quizás, la mirada se vuelve  al interior
De uno mismo, en busca de una verdad y una voz no convencional,
Real, y entonces nos abrimos al Alma, a ese centro focal
En donde cálidamente nos sentimos ser auténticos, verdaderos yoes,
No masa, no mátrix, no gregarios, no colectivo, no mente, ni emociones,
Y allí encontramos ese punto en el que reconocemos
Nuestro proyecto, nuestro impulso, nuestra intención
Y nuestro llamado verdaderos. Ya no estamos perdidos. Estamos en casa
Y el camino del alma ha empezado.

Ella, el alma, luego nos eleva, nos lanza hacia lo superior de sí misma,
Hacia ese fondo que la nutre, al Ser que la hace amar, saber y crear.
Entonces llegamos y así la vivimos a la Fuente de nuestra identidad,
Una plenitud desconocida hasta entonces, que nos embarga.
Pero el vuelo no termina ahí, de algún modo todo acaba de empezar.
El Amor, La entrega, la unidad con el Cosmos
Y, sobre todo, el Uno que lo es Todo, Lo divino,  aguardándonos.

Es el tiempo de la Conciencia despierta y de la Vida realizándose.

EXPANDIENDO EL CAMPO DE LO QUE CREÍAMOS SER


Vivimos según lo que creemos ser,
Pero nuestras creencias suelen ser con frecuencia erróneas,
Porque la verdad y la realidad siempre las supera.
Por eso, es bueno recurrir a la experiencia
Y al contacto directo con aquello que se quiere conocer.

Nos conocemos muy poco, más bien casi nada,
Como consecuencia, damos como válidos los tópicos de siempre,
Y no abarcamos de nosotros más que aquello que nuestra racionalidad,
Nuestro cuerpo, prejuicios y esas creencias nos ofrecen.
En este sentido la visión que tenemos de nosotros es muy limitada,
Pobre, fragmentada, falsa e insatisfactoria.

Ahora bien, si guiados por un deseo sincero de conocer,
Investigamos en nosotros mismos,
Nos dejamos llevar también por nuestra intuición
Y nos abrimos a lo que hay más allá de nuestra mente,
Entonces, nos sorprenderá un nuevo campo de realidad,
Con una fuerza, belleza, autonomía, intimidad, plenitud y grandeza
Que hasta entonces no sólo había sido desconocida
Sino que quedaba fuera de nuestra identidad.

Pero ahora nuestra comprensión puede cambiar,
Porque nuestra identidad es más grande de la que habíamos tenido por tal,

Y Lo Superior en nosotros puede ya ser vivido como nuestra Realidad.

EL ANHELO DE LO SUPERIOR Y SU DESCENSO



Habiendo encontrado la llave en donde experimentamos
Ese sentir cálido que es nuestro verdadero ser individual,
Esto es, nuestra alma en crecimiento, -el foco de nuestra identidad-,
Vemos aparecer en nosotros una demanda mucho más profunda,
Impulsada y alentada desde ese fondo del alma;
Se trata del deseo de la Plenitud que somos, pero que no hemos reconocido aún,
Y de un anhelo irrefrenable por colmarlo y vivirlo.

Entonces, nos vamos abriendo a Lo Superior,
A esa dimensión de nosotros mismos,
Que es la genuina Fuente y  Manantial que nos aporta
Los componentes de paz, gozo, alegría, inmensidad y potencia,
De luz y verdad que, definitivamente, nos llenan.
Aquello desciende, y en el Encuentro, todo vacío, limitación y angustia,
Temor a la finitud y a la muerte van desapareciendo de nuestras vidas.

Con esa dimensión Superior, sentida, experimentada y vivida así,
Lo divino en nosotros como nosotros,
Se recobra como nuestra identidad real y verdadera.
Una Vida, una Felicidad y un Saber muy Profundos
Transforman toda nuestra pequeña visión y sentir,
La comprensión sobre lo que somos se expande,
Y Dios deja de ser algo diferenciado de nosotros.
A partir de entonces, sólo nos queda ir ahí cada vez más,

Hasta que experiencia, ser y vivir, se conviertan para siempre en una unidad.

EN EL CORAZÓN DE LO QUE SOMOS


En lo más profundo y real
De nosotros mismos
Se halla el corazón y centro
De nuestro verdadero ser.
Ir allí es nuestro mejor destino
Para experimentar lo que es el encaje armonioso y perfecto
De un vivir no dormidos sino despiertos,
No llevados por personajes, ilusiones falsas,
Ni por el mundo de los deseos, temores y frustraciones del ego.

Conectar desde el silencio
De las emociones, de la mente y de los sentimientos
Con ese foco desde el cual somos
Es la única garantía de una vida con sentido y llena,
Y de podernos reconocer definitivamente
En un espejo fiable
Que nos devuelva nuestro rostro original.

Recogidos allí, toda sensación de extravío desaparece
Al tiempo de que podemos encontrarnos
Con nuestro mejor maestro y guía:
El Maestro Interior.
Desde entonces podemos decir
Que hemos experimentado un verdadero Nacimiento.


NAVIDAD. RENACER. DESPERTAR.

Cada vez que un niño o una niña nacen
El proyecto de un alma se pone en marcha hasta su cumplimiento.
Nadie viene a este mundo por casualidad ni sin una genuina intención,
Un para qué y un sentido acompaña a todo nacimiento. 
Vinimos para cumplir un objetivo y desarrollar una tarea.
Ambos estaban y están inscritos en lo más hondo de nuestra alma.
Conocerlos y llevarlos a cabo es primordial en nuestra vida.

Estamos aquí para experimentar, sanar, conocer y crecer,
O lo que es lo mismo: para evolucionar como conciencias y Despertar.
¿Despertar a qué?, a lo que se es, a lo que siempre hemos sido:
Focos, presencias, chispas, modos genuinos del ser de Dios, de la Realidad Una,
Que es lo que estamos llamados a ser, manifestar y vivir, pero dándonos cuenta.
Porque somos Luz y Sabiduría, Amor y Felicidad, Energía y Creatividad, sin límites.

Cuando eso lo actualizamos, estamos realizando el verdadero nacimiento,
El que da sentido al físico. Y nuestra alma toma conciencia de sí, como Ser divino.
Entonces, la Navidad, la nuestra, deja de ser un símbolo y se convierte en real,
Porque nace en nosotros y a través de nosotros el Hijo de Dios, ese ser inmortal
Con potencialidades infinitas que fija el rostro de nuestra esencia e  Identidad.

Toda nuestra existencia es un proceso y un camino hacia eso,
En el que cada suceso, dificultad y comprensión son  peldaños,
Oportunidades y medios para que con su ayuda nuestra misión se cumpla.

Porque es así, con todo el afecto y mis mejores deseos: ¡FELIZ NAVIDAD!

viernes, 1 de enero de 2016

UNA NUEVA HUMANIDAD YA ESTÁ NACIENDO

       

(Los tres saltos evolutivos que se están dando en el corazón de nuestra especie)
                                                                                                           
                                                                                                      Julián Sánchez Lacruz                                                                                                             
            Nos hallamos en el amanecer de un tiempo nuevo del que todos los cambios que estamos experimentando telúricos, sociales, ideológicos, económicos, religiosos, informáticos, tecnológicos, etc., tan sólo son sus indicios y meras adaptaciones. Porque lo que se está dando es una verdadera revolución ya en marcha que nos está afectando a todos,  y no sólo a nivel individual sino sobre todo como especie, porque la humanidad ha entrado en la zona en que una nueva transformación evolutiva se empieza a ver y sentir.

            El cambio del que estamos en su amanecer, aún despuntando pues nos hallamos en el alba de la nueva humanidad, se está realizando en la conciencia y en la percepción que tenemos sobre quienes somos. Ello va a tener efectos decisivos y muy positivos en las bases sobre las que se asienta nuestro modo de vivir, sentirnos y relacionarnos. Vamos a dar un verdadero paso a delante del que todos, si queremos, vamos a ser partícipes.

            Este cambio que ya empezamos a notar de manera más o menos abierta o sutil supone un verdadero giro copernicano en nuestra mente, por eso es transformador y revolucionario, y se abre paso a través de tres arietes que son la clave y el motivo del mismo, ellos nos dan entrada a una nueva conciencia y un nuevo despertar. Vamos a describirlos uno a uno:

            1º.- Estamos empezando a soltar la idea de que somos seres aislados en la inmensidad del universo: somos seres cósmicos.

Tanto la astrofísica, como los viajes espaciales y el que empecemos a aceptar que eso de los ovnis no es resultado de la fantasía de unas mentes enfebrecidas sino un hecho muy común reconocido por instancias universitarias, y, sobre todo, de poder militar y político, hacen que nuestra visión dentro del cosmos se esté empezando a ensanchar.

Hoy no sólo es común integrar la dimensión sobrecogedora del espacio en que nos movemos sino que hasta los científicos más eminentes como es el caso de Stephen Hawking reconocen la posibilidad muy viable de que exista no sólo un universo sino infinidad de ellos.

Hay cifras que hablan por sí solas y que conviene recordar para hacernos cargo de la dimensión de lo que estamos diciendo: formamos parte de una galaxia que consta de más de 100.000 millones de estrellas, cada una de las cuales consta a su vez de sus respectivos planetas, que si son una media de nueve por estrella podrían ser unos 900.000 millones de planetas. Pues bien, según las estimaciones de la Universidad Nacional de Australia y el Instituto Niels Bohr de Copenhague cada estrella, es decir, cada sol, tendría entre uno y tres planetas con condiciones para albergar vida, lo que nos indicaría que en nuestra galaxia hay posibilidad de vida en miles de millones de planetas.

Pero la realidad es aún mucho más desbordante cuando tenemos en cuenta que en nuestro universo existen, a su vez, más de 100.000 millones de galaxias. Hagamos ahora, pues, nuevos cálculos de planetas, luego de planetas con condiciones para albergar vida y finalmente de aquellos que son habitables para seres humanos más, menos o muy diferentes de nosotros, pero humanos al fin y al cabo. Ante todo esto creer que somos los únicos habitables del universo es sencillamente absurdo. Y si como hemos apuntado no existe uno sino infinitos universos, pues más absurdo todavía.

 Esta es nuestra primera conclusión: que no estamos solos y que junto con todos los seres de este y otros mundos formamos una inmensa red entretejida por la propia conciencia universal y divina. En este sentido, y esta es una de las grandes comprensiones a las que estamos asistiendo como humanidad, podemos afirmar que verdaderamente somos seres cósmicos, parte de la gran fraternidad interestelar e intergaláctica en la que se integra la humanidad entera.


2º.- La muerte no existe, lo que vemos y como tal la identificamos no es lo que nos sucede. Somos almas, y estas eternas, en evolución.

Hoy ya no se trata de una mera creencia, son muchos los testimonios de personas que han experimentado lo que se llama experiencias cercanas a la muerte y que afirman que la vida continúa; se trata de casos contrastados, investigados, evaluados y registrados en todas las partes del mundo por médicos, psiquiatras y profesionales de la salud que lo han podido oír de viva voz de sus propios pacientes y que, después de pasar los filtros pertinentes de veracidad, descartando explicaciones de tipo, físico o psicológico, como drogas, endorfinas, trastornos de la mente, etc., han tenido que admitir que lo que les cuentan es cierto. Autores como R. Moody, E. Kübler Ross, Kenet Ring, Pim Van Lommel y otros muchos así lo atestiguan.

Los estudios sobre el recuerdo de vidas anteriores, de los que es pionero el psiquiatra Ian Stevenson, avalan igualmente la pervivencia de la vida después de la mal llamada muerte.  No son menos importantes las investigaciones sobre regresiones a vidas “entre vidas” que el también psiquiatra Michael Newton ha realizado durante más de cuarenta años, o las del mismo Brian Weis, todos los cuales  afirman sin dudar lo que sus pacientes les han transmitido: la vida no se interrumpe jamás y que, por lo tanto, jamás fallecemos.

Por otro lado, videntes de prestigio y médiums (Marilin Rosner y otros ), así como personas que han experimentado lo que es el fenómeno de salida del cuerpo o desdoblamiento astral (Meurois Givaudan, Paloma Cabadas, etc.) nos hablan con mucha coherencia y certeza de su experiencia de comunicación con quienes abandonaron este cuerpo y esta dimensión. Pero no sólo ellos, sino que hoy contamos con un sinfín de casos de apariciones que mucha gente equilibrada y centrada de distintos estratos de la sociedad han podido presenciar, como por ejemplo el mismo Dr. Barnard, pionero en los trasplantes de corazón, el cual pudo ver sentada sobre su cama en la que se reponía de una enfermedad a una mujer que en el mismo hospital en que se encontraba acababa de fallecer, también es conocido el testimonio del escritor García Marquez que presenció una aparición en el taxi que iba a tomar, etc.

Contamos como elementos que refuerzan también el hecho de que la vida continúa una ingente cantidad de señales que la gente ha recibido o recibe del “otro lado”, además de las famosas psicofonías, la transcomunicación instrumental tan estudiada hoy en día y de la que es un claro exponente como recopilador y testigo el teólogo y erudito Francois Brune, la comunicación y contacto espontáneos que mucha gente normal y corriente experimenta con relación a seres queridos que fallecieron, de lo que es un  eximio ejemplo lo que le sucedió a Jany Heaphy Durgham la cual relata  en el libro “La mano en el espejo”, el modo en que su marido le hizo llegar que continuaba vivo tras fallecer de cáncer a los 46 años. Casos así abundan por todas partes y seguramente hasta gente próxima a nosotros nos los podría contar.

Como se ve estamos hablando de experiencias que están más allá de las creencias y convicciones que cada cual pueda tener, aunque lo cierto es que todas las tradiciones espirituales y un gran número de sabios, místicos y maestros, a partir de sus propias experiencias, también nos comunican lo mismo, o sea: que la muerte es un gran engaño, no es real (Antonio Blay, Paramahansa yogananda, Aurobindo, y un largo etc. lo afirman y enseñan).

Pero lo que nos interesa recalcar aquí es que en el tejido mental y conciencial de la gente lo que antes apenas ni se mencionaba, ni tampoco formaba parte de los debates o tertulias hoy ya es un hecho que va siendo más habitual. La posibilidad de que tras el abandono del cuerpo por la vida que lo sustentaba continuemos nuestra andadura en una nueva dimensión y, por supuesto, con otro cuerpo nuevo y más sutil ya va siendo más y más comprendido y aceptado. Esto significa que nos estamos abriendo poco a poco a la realidad de que nos somos un cuerpo, ni mera materia sino almas, o lo que es lo mismo, focos de conciencia, presencias reales de seres con un potencias infinto para amar, gozar, conocer, crear y vivir.

No falta mucho tiempo para que la ciencia admita de forma más generalizada este hecho, el de que la muerte no es nuestro final, y no pasarán tampoco muchas generaciones para que el ser humano empiece ya su existencia, y así se le enseñe, con el supuesto integrado de que la muerte no existe y que lo que se entendía como tal es sólo un tránsito que  no interrumpe sino que forma parte de nuestro desarrollo evolutivo. Esta será la segunda de las grandes revoluciones a las que ya estamos, afortunadamente, existiendo.


3º.- Asumiremos que somos expresiones vivas y reales de la Unidad, lo único que existe, y sabremos, porque lo experimentaremos, que somos dioses, o lo que es lo mismo: que cada cual somos un modo de ser y de vivirse Dios.

No estamos hablando de teorías, ni siquiera de meras hipótesis, en primer lugar porque lo que estamos diciendo ya ha sido experimentado y vivido por lo que podríamos considerar como la avanzadilla de la humanidad, ellos han sido la punta de lanza de la que la Conciencia, Dios o el Ser Uno (el nombre no importa) se ha servido para que los que formamos parte de ella evolucionemos, y  en segundo lugar, porque estos cambios ya se pueden detectar en nuestras propias almas sólo con que auscultemos nuestro más profundo sentir. Por todo ello, lo que aquí decimos es tan sólo un relato de este hecho tal y como lo percibimos.

Lo que hay, el Ser, la Realidad, el Uno, Dios, llámese como se quiera es, anterior a cualquier pregunta, a cualquier interpretación y, por supuesto, a cualquier forma o manifestación macrocósmica, microcósmica, ordinaria, universal, multiversal, material, espiritual o lo que queramos decir. Eso es Todo, y cuando decimos Todo decimos Todo, exteriorizado o no, potencial o en acto.

Eso es lo único que existe y todo se halla en él. Está, es, todo lo penetra y lo baña, nada le es ajeno, universal o particular, parte o todo siempre es el Todo. No se ve pero se vive, no se alcanza pero se está en él. El que lo busca no lo encuentra, el que cree que lo tiene no ha entendido nada, ninguna cosa lo define, ninguna palabra lo señala. No hay moral que lo concrete, ni concepto, religión o idea que lo atrape, en cambio es lo más cercano y lo más asequible que existe.

Quien lo encuentra y lo vive lo sabe, dos que lo experimentan se lo reconocen tan sólo con la mirada y comparten con entusiasmo su verdad, pero para el que está dormido sus palabras le suenan a vacías. Él es lo más evidente, aquello de lo que no se puede dudar, y si de algún modo lo pillas tiene que reconocer con Teilhard de Chardin que no existe espacio alguno ajeno a Eso desde donde ponerte de rodillas para adorarlo, pues el espacio, las rodillas, tú mismo y Dios sois Uno.

Y ahí ya nos encontramos con la revolución total y más grande a la que todos estamos, desde nuestra esencia, llamados; se trata del reconocimiento, no con la mente sino con todo nuestro ser, que es nuestra conciencia, de que no hay distancia ni diferencia, ni separación entre la totalidad y yo. Entonces vivimos a Dios y podemos afirmar, no desde el ego, sino en nuestro ser y con nuestro ser, que somos Dios. Esto, en realidad no se entiende sólo se vive o, mejor aún, se es y, desde el despertar, se experimenta, pero no como algo que me ocurre a mi o a esa pequeña fracción de pequeño yo con el que tantas veces nos identificamos, sino como algo que Dios en mi como conciencia, gozo, plenitud, saber y energía experimenta.

A partir de ahí nacerá una hueva humanidad, o mejor, una trans-humanidad en la que nadie se vivirá como ajeno a nadie, haciendo real la afirmación de Cayetano Arroyo de que “más allá de mi mismo también soy yo”. Entonces se habrá cumplido la visión de Aurobindo: el supramental habrá descendido a las mentes y a los corazones de los seres humanos, o lo que es lo mismo: el que una vida, no desde el ego y la personalidad externa, -aún sumidos en la conciencia de separatividad e ignorancia sobre nuestra verdadera identidad-, sino despierta, desde el ser que somos y la conciencia de nuestro infinito potencial se habrá instalado por fin en la Tierra, en este y en otros universos.


Las consecuencias de estas tres revoluciones a las que nos terminamos de referir son inimaginables. Sólo nuestra alma empieza a vivirlas ya, porque el Futuro ya es Hoy para ella, y nuestro ser que salta de gozo por el sólo hecho de que lo expresemos lo sabe.