lunes, 6 de febrero de 2017

YOGUI RAMACHARAKA: NO EXISTE LA MUERTE .

William W. Atkinson (1862-1932), más conocido por el seudónimo de Yogui Ramacharaka, nació en los Estados Unidos, fue miembro del movimiento “New Thought” y uno de los pioneros de la introducción del yoga en occidente. Publicó diversas obras, entre las que destaca “Curso adelantado de filosofía Yoga” y “Hatha Yoga”, también escribió el libro titulado “La vida después de la muerte” (Edit. Edaf) Aunque Ramacharaka explica en este libro detalladamente lo que él mismo ha visto y comprobado experimentalmente, advierte no obstante de lo imposible que es mostrar a quienes no han actualizado sus facultades psíquicas y espirituales hacerles comprender y ver lo que sucede después de la muerte, tan difícil como explicarle a un ciego de nacimiento lo que  son determinados colores o a alguien que jamás haya probado el dulce lo que es el azúcar.

De todos modos, y consciente de esta dificultad, nuestro autor les pide a sus futuros lectores, o sea nosotros, que, a falta de experiencia interior propia que nos permita reconocer lo que se les dice, no se entreguen con fe ciega a sus palabras, que no es el modo adecuado de aprender y crecer, sino que, por lo menos, si es que son prudentes, confíen, eso sí, en ellas, en espera de que la aceptación definitiva la den cuando lo compartido aquí sea comprobado o experimentado por nosotros mismos.

Sin embargo recalca, que aunque no se puedan dar pruebas científicas, como la ciencia occidental las reclama (hoy en día esto ya no sería exactamente así dada la profusión de estudios, investigaciones y testimonios que superan con creces los límites dentro de los cuales aquella se movía y que nosotros hemos señalado en otros escritos), lo que él expone sí que puede ser visto por nuestra razón cargado de cierta racionalidad e incluso también, cada vez más, razonable, además de que, según advierte, las partes de nosotros en contacto con nuestra alma que sí que conocen la verdad, más pronto o más tarde la harán florecer en nuestro sentir más íntimo, de modo que lo que antes sólo aceptábamos como un voto de confianza pase a ser experimentado y tenido interiormente como evidente. Y encuadrado de algún modo su enfoque, veamos ya lo que él textualmente dice sobre la muerte y el más allá:

            “Estrictamente hablando…no existe la muerte…Cuando el individuo es capaz de desprenderse temporáneamente de su cuerpo físico y actuar efectivamente en los planos ultraterrenos, le parece fútil y absurda toda discusión especulativa sobre la vida después de la muerte…Dejad que el  alma hable por sí misma y escucharéis…”No hay muerte, no hay muerte, no hay muerte. No hay más que vida, y esta vida es eterna”…El moribundo va desprendiéndose poco a poco de su cuerpo físico y al expirar queda el alma revestida del cuerpo astral …

…El nacimiento en el mundo físico tiene muchos puntos de semejanza con el nacimiento en el astral…Después de la muerte física permanece el alma dormida en el cuerpo astral  (hasta que) despierta a la otra vida con tanta naturalidad como el capullo se abre en flor…Este período de tranquilo sueño es para el alma lo mismo que la vida intrauterina para el feto: duerme para cobrar las fuerzas que necesitará en la nueva vida…Muchos no se dan cuenta de que han muerto y no aciertan a explicarse lo que les sucede…Al sumirse el alma en sueño se le representa la visión panorámica de su vida pasada…

            Cuando despierta del todo, se halla el alma libre del lastre de su personalidad. …libre de cuantos obstáculos la entorpecían y podrá manifestar y expresar sin trabas las óptimas cualidades de su carácter…En los planos superiores no necesita el alma brazos, piernas, manos ni pies,...trasciende las limitaciones de la vida física…El plano en que el alma despierta no es un lugar sino un estado o condición de existencia, una tónica en la escala de energía vibratoria del mundo espiritual…No está sola. La acompañan cuantas almas se hallan en simpática armonía con ella y se ve libre del trato con las de tónica opuesta o distinta…vive muchísimo más feliz que en el mundo físico…En el plano astral…no hay otro ambiente ni escenario que el resultante de las formas, imágenes o representaciones mentales de las almas…El plano astral es un plano de “ideación” y cada alma encuentra allí realizados imaginativamente sus ideales…Muy poca diferencia hay entre las condiciones intelectuales y morales del individuo antes y después de la muerte…

            Tarde o temprano invade al alma el deseo de adquirir nuevas experiencias y manifestar en nueva vida terrena sus adelantos en los mundos astral y celeste…En consecuencia, se sume gradualmente en profundo sueño, y cuando le llega la hora “muere” en el mundo astral como antes murió en el mundo terrestre, donde al fin reencarna…en un ambiente y bajo condiciones congruentes con su carácter.”


            Cuando hayamos asumido con total certeza, que la vida no termina, que la reencarnación es un hecho, que la Tierra no es ni mucho menos el único lugar en donde encarnar y evolucionar, que venimos aquí sólo por lazos kármicos que nos unen o atan a este planeta, a ciertas tareas y compromisos, y a nuestros deseos y expectativas, nuestras existencias cambiarán radicalmente, y eso se dará cuando estemos preparados para ello, no antes. Entonces estaremos en condiciones también para ascender a otros niveles y planos de realidad superiores, en otras vidas. Y cada muerte se vivirá no como ahora de forma dramática o como si fuera una derrota, sino como una auténtica fiesta de despedida. Morir será motivo de ilusión y alegría, el término de una tarea ya cumplida.

domingo, 5 de febrero de 2017

ANITA MOORJANI: VIAJE DE IDA Y VUELTA

           
Anita Moorjani nació en Singapur y desde muy pequeña vive en Hong Kong. En el año 2002 se le diagnosticó un cáncer que le llevó a una situación absolutamente terminal en 2006, la cual le hizo vivir una experiencia cercana a la muerte extraordinaria, y su posterior regreso, contra todo pronóstico, a la vida, pero esta vez, incomprensiblemente desde el punto de vista de los parámetros médicos, curada. Animada entre otros por el Dr. Wayne W. Dyer escribe luego el proceso de su enfermedad, así como lo que vivió durante su E.C.M. y sus posteriores reflexiones,  lo hace en un libro extraordinario: “Morir para ser yo” (Gaia Ediciones), es de allí desde donde extraemos, por su elevado interés, algunas de sus más que interesantes consideraciones así las comprensiones y conocimientos que la experiencias que vivió le han aportado. Dice Anita de su situación:

“…era más consciente de todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor de lo que hubiera podido serlo en mi estado físico normal. No estaba utilizando mis cinco sentidos biológicos, sino absorbiéndolo todo con mucha más profundidad que si estuviera usando mis órganos físicos. Era como si otro tipo de percepción totalmente diferente se hubiera abierto ante mí,…como si me estuviera de alguna forma fundiendo con ello…., como si pudiera ver y sentir el interior de todas las personas…¡Me siento tan libre y tan ligera!...¡Nunca me había sentido tan bien!...No sentía ningún vínculo emocional con mi cuerpo, aparentemente sin vida allí tumbado…era como si no fuera mío…Empecé…a ser consciente de que podía estar en cualquier lugar en todo momento….Me parecía lo más normal, como si fuera la verdadera forma de percibir las cosas…

            …empecé a saber que todo era perfecto y se estaba desarrollando de acuerdo a un plan…que ya no hubo separación alguna entre mi ser y todo lo demás…me convertía en todo…vi a mi hermano Anoop a miles de kilómetros de allí…y no entendía por qué no podía comunicarme con él…Cuanto más me expandía menos inusual me parecía ese estado milagroso…sentí que los vínculos emocionales con mis seres queridos y con lo que me rodeaba iban desvaneciéndose paulatinamente…un amor soberbio, glorioso e incondicional me envolvió, me embargó por completo…fui consciente de la presencia allí de mi padre, que había muerto diez años antes…en ese ámbito no había más forma de comunicación que a través de las emociones…También fui consciente de otras presencias a mi alrededor..

            …Tomé conciencia de  lo que parecían ser varias vidas desarrollándose sincrónicamente…el tiempo no discurría de forma lineal…como lo experimentamos aquí…todo ocurre simultáneamente, ya sea pasado, presente o futuro…La claridad era asombrosa…¡El universo tiene sentido! Por fin lo entiendo…comprendí por qué había venido a esta vida, y conocí mi verdadero propósito…Dios no es un ser, sino un estado de ser…¡Y ahora yo era ese estado de ser!...mi vida estaba intrincadamente tejida con todo y en todo lo que había llegado a conocer…comprendí que era mi deber ser siempre una expresión de mi propia esencia única…Aquí estoy, sin cuerpo, raza, cultura, religión o creencias…¡y sigo existiendo!...Me sentía eterna, como si siempre hubiera existido y siempre fuera a existir…me merecía ser amada de manera incondicional por el...hecho de existir….Pude optar entre regresar...o no. Y elegí regresar cuando me di cuenta de que el “cielo” es un estado, no un lugar”.

            Anita ha creado, como otros, un puente más entre nuestra ignorancia y el saber de la realidad eterna que somos. Luces como esta están ayudando a nuestro despertar. Cultura, raza, religión, el propio cuerpo qué relativos que son, qué insignificantes, ¡qué nadería son cuando se está viviendo en el estado de Dios! Desde ese estado se comprende el auténtico valor de las cosas que importan, las cuales en nuestra dimensión no pasan de ser meros instrumentos, útiles sólo si están al servicio de un propósito mayor y una visión mayor. Tal vez por esta comprensión tan esencialista y radical de las cosas que tienen quienes han tenido esta clase de experiencias es por lo que no reciben el trato que se merecen ni las ECM, ni las iluminaciones espirituales ni los éxtasis u otro tipo de visiones semejantes, en las iglesias, en los púlpitos ni en las prédicas papales, porque quienes las tienen, por lo general, se apartan o dejan de valorar por su insignificancia los dogmas y teologías con los que estos tanto se alimentan.

Porque el Dios experimentado, el cielo vivido, la muerte como tránsito y el sentir del ser que se es o de la realidad que lo es todo no tienen nada que ver con las palabras, las morales y las historias clericales, filosóficas ni menos aún culturales con las que nuestras mentes con mucha frecuencia se alimentan. Esta sí que es la gran revolución que las ECM aportan a nuestro mundo y a nuestros modos de ver o entender. A los místicos, a los iluminados de verdad, a los que habían visto con los ojos del espíritu, aún se les relegaba o se les intentaba callar, si es que no se les ridiculizaba, pero cómo silenciar lo que ya es una experiencia tan extendida y más que lo será en el futuro en nuestra humanidad. No cabe duda, pues, de que estamos en un tiempo nuevo, en el de un cambio radical y profundo en nuestras mentes del que personas como Anita Moorjani y tantos otros cientos de miles con experiencias parecidas son su verdadera punta de lanza que arrambla con los viejos paradigmas científico-teológicos. Ya no valen las huidas, negaciones o descalificaciones de quienes en nombre de la ciencia, dicen, se protegen de todo eso con el pretexto de que quienes tienen estas experiencias es porque han sufrido determinado tipo de trastornos alucinatorios o neurológicos, pues ya son demasiadas investigaciones serias las que invalidan por infundadas e inaplicables esas críticas en quienes de forma tan coherente, vívida y universal viven lo que cuentan, con más conciencia que si estuvieran en el cuerpo físico como afirma Moorjani y la mayoría de quienes tienen ECM.

Y cuanta libertad, y cuanta alegría y gozo en un estado en el que todos los límites se achican, donde las dimensiones ya no son nada y en donde la experiencia de la vida plena son ya un hecho que muchos privilegiados nos pueden afortunadamente compartir y mostrar. Vivir, ¡cuán lejos estamos aún de lo que esa palabra significa realmente! ¿No sería muy acertado afirmar que de lo que esa palabra, -vivir-, significa estamos experimentando tan sólo un uno por ciento? Creo yo que esta afirmación no peca de exagerada, y que experiencias como estas que estamos ofreciendo, como también la de George Rodonaya, Thomas Benedict, Eben Alexander y un largo etc. de personas no tan conocidas e incluso anónimas así nos lo confirman y nos lo están mostrando.


¡Menudo signo de los tiempos al que estamos asistiendo! ¡Y qué enseñanza tan grande, hoy ya difundida por todo el mundo, al alcance de quienes se quieran enterar!, pues no cabe duda de que muchos, a pesar de esto, aún preferirán ir tirando, que es como no vivir, con las ya caducas y superadas historias sobre la muerte, la felicidad a tiempo parcial y sólo ligada a las pequeñas cosas, un Dios fuera de nosotros, el más allá como un lugar extraño y sobre el que dudar, lo que somos identificados sólo con el cuerpo la mente y la materia, por lo que vivimos que es un vivir sin apenas sentido y etc., etc. Pero el aldabonazo ya se ha dado en la puerta de nuestras almas y el despertar ya nos está acuciando. Pues eso.   

sábado, 4 de febrero de 2017

“LA LUZ Y YO ÉRAMOS UNO”

          
El Dr. Rodonaia, en 1972 ingresó en la universidad de Tbilisi, Georgia, en la antigua unión soviética. Tiene un postgrado de maestría en neuropatología y está doctorado en el mismo campo, es también doctor en psiquiatría. Dio un discurso dirigido a las Naciones Unidas enfatizando “el resurgimiento de la espiritualidad global”. Antes de inmigrar de Rusia a E.E.U.U. en 1989, trabajaba de psiquiatra en el campo de la investigación, en la Universidad de Moscú. Tras ser declarado muerto en un accidente de coche, perpetrado, según todos los indicios, por la KGB en 1976, lo dejaron en el depósito de cadáveres, durante tres días. No “volvió a la vida” hasta que un médico forense, que le iba a practicar la autopsia, advirtió que había abierto los ojos. Su experiencia es una de las más extraordinarias que existen, y lo que sigue, es parte de su experiencia mientras estuvo en ese estado.

“Lo primero que recuerdo de la ECM –cuenta G. Rodonaya- es que descubrí que me encontraba en el reino de la oscuridad total. No sentía dolor físico; de algún modo aún era consciente de mi existencia como George…….No estaba preparado para esto…Poco a poco conseguí dominarme y empecé a pensar en lo que había sucedido….Pensé: “¿Cómo se puede definir lo positivo desde la oscuridad? Bueno, lo positivo es la luz”. De manera súbita estaba en la luz. Era una luz muy intensa, como el flash de una cámara, pero sin centellear y con el mismo brillo…….hasta que poco a poco empecé a sentirme seguro y cómodo. De repente, todo parecía estar bien.

A continuación empecé a ver moléculas volando de un lado a otro, átomos, protones y neutrones…….este caos también tenía una simetría propia. La simetría era maravillosa, unificada y completa, a la vez que me inundaba de un gran bienestar….El tiempo, en la forma en que yo lo conocía, se había parado: el pasado, el presente y el futuro se fusionaron en una unidad atemporal de la vida.

En algún momento experimenté lo que se denomina “repaso del proceso de la vida” ya que en un instante vi mi vida desde su comienzo hasta el fin…..Acepté mi vida tal y como es.

Durante este tiempo la luz irradiaba una sensación de paz y alegría en mi…y me sentí tan contento de estar en la luz…Logré ver que la realidad se encuentra en todas partes…Todo está interconectado…Sentí que la luz y yo éramos uno y que todo en el universo y en mi estaba bien…..

Cualquiera que haya vivido una experiencia similar con Dios, que haya tenido semejante sensación de conexión con la realidad, sabrá que sólo hay una única labor importante en la vida y esa es amar…Tratar a la creación de Dios con un gesto de generosidad y compasión es la única forma de existencia que tiene valor…”

(Fuentes: Internet, y el libro de Fco. Lopez Seivane “Candidatos a la Hoguera”, edit. “Más allá libros”, pag. 69.) Raimond Moody también lo menciona frecuentemente y lo recoge junto a otros ejemplos ya clásicos como los de Danion Brinkley en el excelente vídeo “Vida después de la vida”. Su experiencia transcurre en un estado de muerte cerebral. Traigo este caso, como otros semejantes, porque nos sacan del hábito, tan arraigado en nosotros, de ver las cosas siempre con nuestra pequeña mente dual y porque nos obliga o, al menos, nos invita, a ir más allá de una realidad tan plana como la que vivimos, tan pegada al mundo de los sentidos y de la materia, también nos impulsa a recuperar las piezas que nos ayudan a construir el significado y el sentido de nuestra vida en una existencia donde experiencia tras experiencia lo que se demuestra es que la muerte es una gran mentira.

También en esta maravillosa experiencia se nos muestra de una forma muy evidente cómo para nuestra conciencia no hay separación alguna con algo que en principio se pueda considerar como ajeno o exterior a nosotros, ¡que podemos entrar incluso dentro de los átomos!, pues, como conciencias, no tenemos fronteras que nos limiten ni puertas que nos encierren, no ya para penetrar en las partes más mínimas de microcosmos como hemos dicho, sino para alcanzar incluso las dimensiones más lejanas y profundas del Universo tal y como nos lo han relatado personas que han experimentado estados expandidos de conciencia y samadhis desde los cuales han vivido cuanto estamos diciendo (Sesha, por ejemplo, y otros muchos).

Y qué bien, también, el poder comprobar que la vida es sólo una, que lo que nos diferencia entre una experiencia “aquí” en esta existencia tridimensional y en otra posterior más allá del espacio y del tiempo es fundamentalmente el tipo de identificaciones que tengamos, ya que por lo demás el centro nuestro, nuestro ser, es siempre uno y el mismo, el que lo unifica todo y todo es capaz de integrarlo todo, de modo que una vez que esto lo hayamos descubierto nos podemos sentir siempre “en Casa”, o sea, en la conciencia de ser, desde la cual y en la cual sólo se percibe la perfección de la realidad, la interconexión de todo, y que nunca jamás hemos salido de nosotros mismos, o sea, de Lo Real o Dios.

   

viernes, 3 de febrero de 2017

TODO ESTÁ HECHO DE LUZ, INCLUSO LAS PIEDRAS

     
Thomas Benedict, es un artista sobre vidrios de colores que en 1982 y a causa de un tumor cerebral tuvo una muerte clínica que duró más de una hora y media; durante ese tiempo se elevó por encima de su cuerpo y fue a la Luz. Con curiosidad por el universo, fue llevado lejos a las remotas profundidades de la existencia e incluso más allá. Según el Dr. Kennet Ring “su historia es una de las más notorias de entre las que he tenido conocimiento en el curso de mis amplias investigaciones sobre las experiencias cercanas a la muerte”. En realidad, se trata de una experiencia muy bella que nos muestra, si la comparamos con otras, la forma tan distinta que cada persona que ha pasado por una ECM tiene de vivirla, aunque en lo fundamental ciertos puntos de la misma sean comunes. El desarrollo y la evolución, las expectativas y la conciencia de cada cual determinan como no podía ser menos la propia aventura en el más allá, parece muy lógico que sea así.
Podríamos decir que vivimos el cielo que estamos preparados y capacitados para vivir, algo muy parecido por lo demás con lo que experimentamos en la Tierra. En la experiencia de Benedict se puede ver una clara expansión de conciencia, un auténtico samadhi podríamos decir, y un nivel que sólo se alcanza después de una limpieza interior muy grande. Por la profundidad, amplitud y misticismo que se trasluce resulta más que interesante escucharlo. He aquí lo que el propio Benedict nos cuenta:
“En 1982 me morí de un cáncer terminal... Me dieron de seis a ocho meses de vida…Lo siguiente que recuerdo es el comienzo de una típica experiencia cercana a la muerte. Súbitamente, me encontraba totalmente consciente y de pie, pero mi cuerpo seguía en la cama. Había aquella oscuridad a mi alrededor. Era tan vívida, que podía ver cada habitación de la casa, podía ver el techo de la casa, podía ver los alrededores de la casa, podía ver por debajo de la casa…

Había esta Luz brillando. Me volví…, era muy parecida a lo que tantos han descrito en sus experiencias cercanas a la muerte.... Se la puede sentir…Cuando empecé a moverme hacia la Luz, supe…que, si iba hacia ella moriría…Tú controlas tu experiencia de vida tras la muerte…La Luz continuaba transformándose en diferentes figuras, tales como Jesús, Buda, Krishna, mandalas… Cuando la Luz se me reveló…(supe) que lo que estaba viendo…era la matriz de nuestro Yo superior… …Quería en verdad saber lo que es el universo…Entonces la Luz se transformó en la cosa más hermosa que he visto jamás: un mandala de almas humanas en este planeta…, vi cuan hermosos somos todos en nuestra esencia…Entré en otro reino, más profundo que el último…Era una enorme corriente de Luz, vasta y plena, profunda en el corazón de la Vida…La Luz respondió: “Este es el Río De La Vida”…La luz lo sabía todo sobre mí…

Pedí ver el resto del Universo…Súbitamente, parecí propulsado lejos de este planeta en esta corriente de Vida. Vi  la tierra…El sistema solar, en todo su esplendor, pasó zumbando y desapareció…Más rápido que la velocidad de la luz, volé a través del centro de la galaxia,…. Vi muchos mundos…¡…no estamos solos en el Universo!...¡…a medida que la corriente se expandía, mi conciencia también se expandía hasta englobar cada cosa del Universo! Toda la creación pasó por mi…

En este punto me encontré en una calma profunda, más allá de todo silencio. Podía ver o percibir PARA SIEMPRE, más allá del infinito.…podía experimentar toda la creación generándose…era uno con la Vida y la Conciencia Absolutas… la creación es Dios explorando el Ser de Dios de cada manera imaginable… Todo está hecho de luz, incluso las piedras…La Luz me explicó que la muerte no existe…Todas mis preguntas habían sido contestadas. Cada humano tiene una vida y un conjunto diferente de preguntas que explorar…cada uno de nosotros está explorando esto que llamamos vida de un modo único…Volvía a casa…Por primera vez, pensé en mi mismo como humano y era feliz de serlo…ser la parte humana de Dios…” (Fuente: Internet. Vale la pena leerlo allí íntegramente por la riqueza de información y matices que nos da)

Que nuestra consciencia es infinita aquí se ve muy claro, que la cerramos para experimentar también: esto es vivir. Ahora, lo que importa sobre todo es recordarlo, y una de las formas de hacerlo es caer en la cuenta de que cada existencia sólo es un recodo de un camino siempre abierto, lleno de posibilidades que nadie más que nosotros vamos a traer a la realidad, porque tenemos capacidad de hacerlo ya, que ni más ni menos, “somos la parte humana de Dios”, sin la cual este Universo no existiría.
Vivimos, por lo tanto, lo que cada uno ha decidido vivir, este es nuestro inmenso poder, aunque no lo creamos, aunque nos parezca imposible, pero es así, porque somos Dios existiendo a través de nosotros, porque somos los dueños absolutos de nuestro destino, y no sólo de este presente sino de nuestra existencia futura en el más allá, donde también construiremos nuestros cielos, según sea nuestra creatividad, voluntad y nivel alcanzado. Este es el juego de Dios, o sea, nuestro propio juego. ¡Cuando abramos definitivamente los ojos del alma la diversión y el gozo serán infinitos!.



jueves, 2 de febrero de 2017

Y LOS CIEGOS VEN

Vicki, es una mujer que nació de modo extremamente prematuro en 1951, tras un embarazo de sólo veintidós semanas. Al nacer quedó ciega de por vida. En 1973, y a consecuencia de un accidente de tráfico, se quedó en coma. Entonces, pudo ver, desde lo alto, la furgoneta en que habían colisionado, y, luego, al ser intervenida en el hospital, todo lo que a continuación sucedió, tal y como se lo contó al investigador Kennet Ring, y que  Pim Van Lommel  recoge en su libro “Consciencia, más allá de la vida” (Atalanta, p. 57), desde donde nosotros, por su valor, lo traemos, a estas páginas.

Precisemos antes, que el Doctor Van Lommel, prestigioso cardiólogo holandés, después de veinte años de estudiar sistemáticamente las Experiencias Cercanas a la Muerte ha llegado a la conclusión de que estas no pueden atribuirse a la imaginación, la psicosis o a la falta de oxígeno, y de que los hechos evidencian que la consciencia es algo mucho más vasto y complejo que el cerebro, y que sigue existiendo aunque cese toda función cerebral. Dice también, que las funciones que antes hacíamos depender de los sentidos físicos, como, por ejemplo, el ver, continúan igualmente. La razón principal de que esto pueda ser así, afirma, es “la consciencia no local”, que es independiente del cuerpo y “está en todas partes” en forma de “ondas de probabilidad”.

He aquí,pues, lo que contó Vicki, primero sobre las condiciones de percepción que su ceguera le permiten, y, después, acerca de su experiencia en el umbral de la muerte:

“Nunca he visto nada: ni luz, ni sombras, nada. Mucha gente me pregunta si veo negro. No, no veo negro. No veo nada de nada. Y en mis sueños tampoco tengo ninguna impresión visual. Se trata exclusivamente de gusto, tacto, sonido y color. Pero ninguna impresión visual de nada.

Lo siguiente que recuerdo es que estaba en el Centro Médico Harborview, contemplando todo lo que sucedía allí abajo. Y era terrorífico, dado que no estoy acostumbrada a ver las cosas de forma visual, ¡porque nunca antes lo había hecho! ¡Y al comienzo era algo espeluznante! Y entonces por fin reconocí mi anillo de boda y mi pelo. Y pensé: “¿Eso de ahí abajo es mi cuerpo? ¿”Estoy muerta o qué?. Ellos no paraban de repetir: “¡No podemos traerla de vuelta!”. Y se afanaban frenéticamente sobre aquella cosa que luego descubrí que era mi cuerpo. Yo me sentía muy distanciada de él y como si me diera lo mismo. Y pensaba: ¿Por qué se disgusta tanto esta gente?”. Entonces pensé: “Estoy fuera de aquí. No voy a conseguir que me oigan”. En cuanto se me pasó eso por la cabeza, atravesé el techo como si allí no hubiera nada. Y era maravilloso estar allí fuera y ser libre, sin preocuparse por si chocarías contra algo. Y sabía a dónde me dirigía. Y oí ese sonido de carillón, el más increíble sonido que pueda describir, desde los tonos más graves a los más agudos. Según me iba acercando a esa área, había árboles y había pájaros, y bastante gente, pero todo ello estaba hecho como de luz. Y podía verlo, y era increíble, realmente bonito, y me sentía aturdida por esa experiencia, porque antes ni siquiera era capaz de imaginar cómo era la luz”.

La aportación que hace Vicki a lo que conocemos sobres las ECM importa mucho porque confirma una vez más que la conciencia así como el mismo ver no dependen del cuerpo sino que son independientes y autónomos. Esto se ha podido constatar también en otras experiencias en las que uno comprueba cómo todas las limitaciones o taras corporales que tenían antes desaparecen. Y es que la vida en uno, cuando se deja la estructura o carcasa física porque ya no le sirve a nuestra alma, trasciende y supera con creces todas las limitaciones que la materia y la forma nos ponían, de manera que como ella nos dice: “es maravilloso estar allí fuera y ser libre”

           


“LA MUERTE ES UN AMANECER”

         La doctora Elisabeth Kübler Ross, (1926-2004), especialista en estudios sobre la muerte, investigó científicamente lo que experimentaban los moribundos; trabajó durante más de veinticinco años en las secciones de enfermos terminales en Estados Unidos, donde, junto a sus camas, escuchándoles como nunca antes se había hecho fue recogiendo todos sus testimonios y experiencias cercanas a la muerte que la hizo convencerse y esforzarse por demostrar también a los demás que la muerte tal y como la habíamos entendido no existe. Por todo ello ha sido reconocida en el mundo entero, por lo que cuenta en su haber con veintitrés doctorados honoríficos, cosa nada habitual en el campo de la ciencia y de la investigación. De su libro “La muerte, un amanecer”, de la editorial Luciérnaga extraemos por su valor para la comprensión sobre la vida, la muerte y el más allá, las siguientes palabras:

“Mi tarea verdadera…consiste en decir a los hombres que la muerte no existe.
…y que todo lo que nos sucede en esta vida sirve para un fin positivo…El cuerpo físico no es más que una casa….,el “capullo de seda”…,cuando llega la muerte abandonamos el capullo de seda…

…Al liberarse de ese capullo de seda, se llega a la segunda etapa, la de la energía psíquica…advertiréis enseguida que estáis dotados de capacidad para ver todo lo que ocurre en el lugar de la muerte…, el “muerto” –si puedo expresarme así- se dará cuenta también de que se encuentra intacto nuevamente. Los ciegos pueden ver, los sordos o los mudos oyen y hablan otra vez…Podréis comprender que la experiencia extracorporal es un acontecimiento maravilloso, que nos hace sentirnos felices…os dais cuenta también de que nadie puede morir solo…

…Después…se toma conciencia de que la muerte no es más que un pasaje hacia otra forma de vida…Puede tratarse de un túnel…Después, cuando habéis realizado este pasaje, una luz brilla al final. Y esa luz es más blanca, es de una “claridad absoluta”…Frente a esa luz, os dais cuenta por primera vez de lo que el hombre hubiera podido ser…os dais cuenta de que vuestra vida aquí abajo no es más que una escuela en la que debéis aprender ciertas cosas y pasar ciertos exámenes…

Volviendo a ver como en una revisión vuestra propia vida, ya estáis en la tercera etapa…Conocéis exactamente cada pensamiento que tuvisteis en cada momento de vuestra vida. Conocéis cada acto que hicisteis y cada palabra que pronunciasteis…Quisiera aseguraros que estar sentados a la cabecera de la cama de los moribundos es un regalo, y que el morir no es necesariamente un asunto triste y terrible. Por el contrario, se pueden vivir cosas maravillosas y encontrar muchísima ternura. La muerte es el paso a un nuevo estado de conciencia en el que se continúa experimentando, viendo, oyendo, comprendiendo, riendo, y en el que se tiene la posibilidad de continuar creciendo.

El cuerpo que ocupamos pasajeramente en ese momento, y que percibimos como tal, no es el cuerpo físico sino el cuerpo etérico… Los niños y adultos nos hablan de la presencia de seres que les rodean, les guían y les ayudan en el momento de su salida del cuerpo…Somos siempre recibidos  por aquellos que nos precedieron en la muerte y que en otro tiempo amamos…Después de abandonar nuestro cuerpo físico…nos encontramos en una existencia en la que no hay ni tiempo ni espacio y podemos desplazarnos intensamente donde queramos…”. Sabe, muy bien, Kübler Ross, lo que dice y su enseñanza ha servido especialmente para contrarrestar la errónea información con que nuestras mentes, desde milenios e incluso hoy en día aún han sido insistentemente bombardeadas.

Pero es  necesario recalcar, además, que si a ella le importó tanto investigar la muerte fue por lo mucho que le interesaba la vida, dentro de la cual aquella cobraba todo su sentido y significado. Vivir tal y como Elisabeth lo entendía tenía como mayor finalidad sanar nuestras heridas, superar nuestros errores, experimentar y aprender las lecciones de la vida que cada uno no había aprendido aún, para todo esto nacimos; de hecho, tantas eran estas lecciones por aprender y experiencias por vivir que, según decía, es imposible asimilarlas o realizarlas todas en el transcurso de una sola vida, y de ahí el valor que la reencarnación tenía para ella. Lo bueno de todo ello es que el vivir continua en otra existencia, con un nuevo estado de conciencia, experimentando también, comprendiendo, disfrutando y riendo, con la posibilidad, decía, de continuar el crecimiento espiritual.


Escribió veinticinco libros y una autobiografía muy recomendable que es “La rueda de la vida”. Aunque partió hace unos años su presencia sutil nos acompaña y nos guía, sobre todo para ayudarnos a entender que evidentemente “la muerte es un amanecer”. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

LOS ANIMALES TIENEN ALMA


      Esta afirmación que hago debe de tener algún respaldo de peso que la avale, pues de lo contrario no dejaría de ser un brindis al sol, una frase más o menos bonita y arriesgada. Uno no es vidente, ni médium, ni ha tenido ninguna clase de revelación particular, ni posee algún poder o facultad especial para poder decir respaldándose en ello que esto que decimos es así. Entonces, ¿con qué apoyo cuanta uno para decir esto? Todo resulta más sencillo y lógico de lo que parece ser o nos podemos imaginar. Es cuestión de soltar un poco los viejos prejuicios, las consabidas posiciones racionalistas, y permitirnos hacer un poco de silencio en nuestro corazón para que sea él y no nuestra cabeza la que hable, se trata de permitirnos mirar limpiamente y, sobre todo, sentir y, a continuación, expresar. Esto es todo. Claro que, si partimos de que nuestro sentir no vale para nada, que nuestro corazón sólo recurre a fantasías, que sólo los razonamientos mentales nos ofrecen certezas, y que más allá de los órganos corporales y la materia nada existe, pues ni  el encabezamiento de este escrito tendrá sentido ni tampoco nada de lo que a continuación desarrollamos.

Pero este, evidentemente, no es nuestro caso, sino que ya de entrada partimos de un hecho anterior al que nos ocupa y que también afirmamos: que nosotros mismos no es ya que tengamos un alma, sino que somos un alma, y que, en cambio, lo que sí que tenemos es un cuerpo. Esto lo sabemos y con absoluta certeza. Lo sabemos porque lo sentimos, que no es poca cosa, y el sentir, tenemos que decirlo y recordarlo de forma clara y rotunda para que no haya equívocos, no es el resultado de la imaginación cuya fuente está en nuestra mente, que ella sí que elucubra, duda y se equivoca, sino que nace o surge del contacto mismo directo con realidad que se siente. No surge, pues, como resultado de un me lo han dicho, lo creo, lo pienso o lo he deducido, nada que venga, por lo tanto, vía indirecta, sino de forma inmediata y sin intermediarios, ni siquiera el mental. Y asumiendo, claro que sí, que existen razones del corazón, que la razón no entiende.

¿Cuándo el ser humano empezará a creer de verdad y a darle todo el valor que tiene a su sentir que nace de las certezas que el alma aporta? Mientras no lleguemos ahí no nos enteraremos de casi nada de lo que son las llamadas verdades fundamentales sobre nosotros, nuestra existencia y origen, la realidad, destino, etc., y, por supuesto, de los seres con los que convivimos y que nos rodean, entre ellos las plantas y de manera muy especial los animales, sobre todo los más desarrollados, los más evolucionados. Es por eso por lo que hemos establecido esa fractura tan grande, injusta e irreal entre nosotros los humanos y los animales, a los que en consecuencia hemos tratado, no precisamente por maldad, aunque a veces también, sino por ignorancia y falta de sensibilidad como meros objetos, material para nuestro alimento, y mascotas para nuestro exclusivo disfrute y  diversión, llegándolos en no pocos casos a torturar, esclavizar y someter a cantidad de sufrimiento, e incluso matar, y todo porque son, hemos pensado : meros animales.

Pero hoy sabemos de muchas maneras que ellos sienten, sufren, tienen sentimientos y conciencia, también deseos y emociones, en su nivel y dentro de su especie, pero cualitativamente como nosotros. Véase si no el testimonio tan importante y real que nos ofrece Laila del Monte en su precioso libro “Comunicarse con los animales” donde muestra cómo podemos conectarnos con ellos y saber sobre sus sentimientos y pensamientos a partir de nuestra intuición profunda que es el mejor camino para establecer comunicación entre cualquier ser, o véase también su otro libro más reciente “La muerte de los animales” en donde se habla del proceso de abandono del  cuerpo, su vida más allá y la posibilidad de conexión con ellos una vez han partido. Señalemos además que no son pocos los testimonios de personas que han podido mantener ese contacto póstumo con ellos, como sentir la presencia e incluso verlos a sus perros después de que partieran hacia otros planos de realidad en una vida que no termina con la del cuerpo físico.

No menos importante resulta el libro escrito por los autores Miguel Pedrero y Carlos G. Fernandez bajo el título “Nos veremos en el cielo” donde se exponen muchos casos de manifestaciones de nuestras mascotas después de que hayan dejado nuestro mundo, junto a psicofonías grabadas que atestiguan su pervivencia después de esta vida, y donde se muestran además investigaciones que evidencian  que los animales sienten amor, odio, son solidarios e inteligentes, distinguen entre el bien y el mal, tienen conductas que hacen pensar en la espiritualidad, experimentan alguna clase de éxtasis de tipo místico, etc. No hay que olvidar tampoco, por el valor testimonial que tiene dada la personalidad de quien lo dice, lo que Jane Goodall la famosa etóloga inglesa, considerada la mayor autoridad mundial en el estudio de los chimpancés, afirmaba sin rodeso acerca de ellos: “tienen emociones, ética y moral de grupo”

Esas conductas evidentemente son las propias de alguien del que no se puede pensar que no tenga un alma, que es lo que les ocurre a los animales aunque su desarrollo evolutivo sea menor. Cuestión que es tratada abierta y directamente por el conocido escritor Daniel Meurois que dominando como pocos la técnica del viaje astral y sintonizando con una habilidad que impresiona con la vida y el sentir de no sólo de los humanos de este y otros tiempos sino de los mismos animales entra en esta ocasión en contacto con el alma de un perro, Tomy, que le sirve de hilo conductor para hablar de sus sentimientos, de lo que piensa y de cómo experimenta su existencia. Algo que narra maravillosamente en su espléndido libro “El alma de los animales”.

Lo bien cierto, en cualquier caso, es que primatólogos, biólogos y zoólogos han podido constatar a la luz de sus investigaciones que la visión que hemos tenido de los animales, así como el trato que les hemos dado y continuamos dándoles en demasiadas ocasiones no hacen sino confirmar la barbarie en que aún vivimos y que según muchos de ellos convierten a los actuales mataderos en auténticos campos de exterminio como en otro tiempo lo fueron los de Auswits o Mauthausen, y a muchos zoos en verdaderas cárceles, sin contar con muchas de las formas de maltrato animal que aún nuestra ignorancia, como mínimo, o crueldad en ocasiones, es capaz de elevar a la categoría de acto cultural u obra de arte, tal y como ocurre con las famosas corridas de toros. ¿Quieren estos ser sacrificados y utilizados como lo son?, ¿nos importa saberlo? ¿Y si de verdad ellos están sintiendo día a día cosas parecidas a las que muchas personas experimentaron en otro tiempo cuando iban a ser vilmente torturados? Yo no deseo criminalizar a nadie, incluso creo en la buena fe de la mayoría de los que intervienen en este tipo de acciones, y pienso convencido, como ya he dicho, que es ignorancia lo que permite que cierto tipo de conductas con los animales se mantengan. Pero esa ignorancia no quita para nada el hecho muy real del sufrimiento, ni la degradación que este tipo de conductas suponen para los que las realizan. Tal vez pensando en todo esto el filósofo Shopenhauer dijo aquello de que “el hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales”, como se puede ver si repasamos detenidamente la consideración con que en muchas ocasiones se le trata o se les ha tratado.

Existen por suerte, además de todo cuanto hemos dicho, investigaciones muy interesantes que elevando nuestra conciencia resquebrajan las viejas concepciones que teníamos sobre el mundo animal, es lo que ocurre por ejemplo con un experimento realizado por el prestigioso psiquiatra español Dr. Gaona en el que trataba de comprobar y mostrar hasta qué punto la mente puede influir sobre la materia. Este experimento (que se explica en su libro “El límite” (La esfera de los libros, 2016)) se realiza con un aparato llamado GNA cuyo funcionamiento está basado en determinados procesos cuánticos y que sustituye a los EEG. Pues bien, tal y como explica Gaona el aparato se instaló adecuadamente sobre la cámara que desprende dióxido de carbono en un matadero de cerdos donde los animales como se puede suponer experimentan situaciones de estrés, sensación de peligro y sufrimiento muy claras. Como era de esperar y bajo una situación muy exhaustiva de control en el desarrollo de la prueba tal y como el Dr. explica, (hora exacta de apertura del matadero, número de animales sacrificados por segundo, duración de cada parada técnica, etc..), a las dos semanas en que duró el experimento el GNA reflejó las importantes diferencias que había entre los cero y los unos que indicaban la incidencia de las reacciones de los animales cuando el matadero estaba en funcionamiento y cuando no había actividad. Hasta ahí todo normal, y el experimento aportó aquello para lo que se había destinado.

Pero lo que desconcertó al Dr.Gaona y a sus acompañantes tal y como él mismo cuenta es que “pudimos observar algo que nos sorprendió sobremanera: muchas noches, de madrugada, el aparato registraba grandes oscilaciones, cuyo origen nos ha proporcionado grandes dolores de cabeza, por el esfuerzo para conocer la causa”. No es para menos, y en especial tratándose de un espacio controlado para que la investigación fuese del todo fiable. Por lo que se pregunta a propósito de ello el investigador Miguel Pedrero: “¿acaso las conciencias o las almas de los animales sacrificados seguían existiendo e influenciaban de algún modo al GNA” Lógica no le falta para pensar así y como posibilidad ahí está; en cualquier caso, y a juzgar por muchos de los experimentos que en este campo se han realizado, como por ejemplo los del pionero Dr.Cleve Backster con el polígrafo y las gráficas totalmente alteradas que registraba una vez que amenazaba con una cerilla la quema de una planta, o los experimentos del Dr. Masaru Emoto con la influencia de las etiquetas en el envasado del agua que pueden cambiar las estructuras moleculares de la misma, tal y como narramos en escritos anteriores, nos parece más que pertinente la observación de Pedrero.