sábado, 11 de agosto de 2018

El buscador se ha de rendir a lo divino.


Así habla lo divino al corazón de su amado cuando este va aún de buscador:
“Dices que no me encuentras, que me escondo, y que por eso no me vives,
Y entonces te refugias en tu soledad porque nada llena mi supuesta ausencia.
Llegas a pensar hasta que has de hacer cosas para merecerme o ser digno de mí.
Ese es el peor error que ha de soltar todo aquel que de verdad me busca.
Aún no te has dado cuenta de lo grande e importante que tú, a quién creé, eres para mí.
En su lugar, te has imaginado perdido, sólo, abandonado, peor aún: hasta rechazado.
¿Recuerdas la historia del patito feo?, ¿y la del pecado original? Sal de ahí de una vez.
¿Cómo vas a sentir Amor si crees que no me importas o que no te amo?
Mi Amor es uno contigo. ¿Cómo me vas a ver si estás convencido de que me he ido?
Estoy siempre contigo, en lo que eres, no en tus historias mentales,
Ni, por supuesto, en ninguna de tus resistencias, producto todas de la desconfianza
Y también, por qué no decirlo, de tu falta de fe. Entrégate a mí, ponte en mis manos.
Sólo te pido eso, pero hazlo de corazón. Es entonces cuando se nace, a lo que se es.

Pon a mi cargo todas tus preocupaciones, tus miedos y dudas, también tus ilusiones.
Cuando eso se hace, sin guardar nada para uno, todo se armoniza, encaja y resuelve,
Yo nunca quiero  sufrimiento alguno para nadie. Sólo la felicidad, que Soy, que Eres.
Y esa te la estoy ofreciendo, pero no como la da el “mundo” que es frágil y pasajera.
Relájate, descansa en mí. Soy tu Padre/Madre. Fuente y esencia de tu ser. Uno contigo.
Cuando creas que me he ido porque el exterior en cualquiera de sus formas calla,
Es entonces cuando más presente estoy, pero quiero que me reconozcas, desde tu alma
Libre, desnuda de agarres, compensaciones, sucedáneos y falsas sustituciones de mí.
¡Cómo  va a reconocerme si no te atreves a encontrarte y estar a solas con lo que eres!
Desnúdate del ego y sabrás lo que significa expandirte danzando consciente conmigo.

viernes, 10 de agosto de 2018

Por qué escribo. Busco Lo Que Es.

Escribo, esto es un modo como otro de aprender, de conocer y de saber.
Siento que hay en el fondo de cada ser un infinito de amor, verdad, creatividad y belleza
Que va empujando para salir igual que lo hacen en las ramas sus respectivos brotes.
Si no ponemos nuestra atención cuando van asomando sus frutos
Nos podemos perder en un mar de inconsciencia y de no conocimiento.
Al escribir, me voy encontrando conmigo mismo a mayor o menor profundidad.
Esta actividad la comparo también a la que ejercen las matronas,
Estas ayudan a que nazcan niños, yo a sacar lo esencial que de la Realidad percibo.
Persigo, con la máxima atención e interés de que soy capaz ahondar en mí mismo,
Siempre con la finalidad de ir más allá de lo que por ser visto y objetivable no soy.
Voy, confiado y sabedor de que ese es el Camino para llegar al Corazón de Lo Que Es,
Lo que de verdad me importa y que es el centro final de toda búsqueda.
Me fascina saber, intuir y pensar que todo es sostenido desde dentro de sí mismo
Por el Puro Ser, que no siendo algo, en cambio está presente en todo y todo lo es.
Esa paradoja, según la cual el todo y la parte no son diferentes me apasiona,
Así como experimentar su resonancia en mí y pasarlo luego por escrito me encanta.

Busco aquello que me permita experimentar la verdadera libertad,
Lo que me haga trascender toda limitación, caducidad y muerte. Y de eso escribo.
Soy tan sólo un pequeño buscador. Azorín decía de él que era un pequeño filósofo.
La pequeñez  hace referencia a los instrumentos, técnicas y recursos de que disponemos,
Pero afortunadamente Lo Que Es, lo divino más pronto o más tarde nos sale al paso,
¿Cómo?: desde el interior de nosotros que es idéntico al interior de fuera.
Esa expansión de Lo Real como conciencia que yo soy es la que me ilumina y ansío.
Escribo como quien medita, entonces me doy cuenta de que, yo, no he hecho nada.

jueves, 9 de agosto de 2018

Infinitas muertes vividas. Nuestro ser siempre presente.


Lo que Somos ha vivido a través de infinitas existencias, ahora esta,
Pero sin dejar nunca de ser Eso, lo que Somos. Y es bueno recordarlo,
Para darnos cuenta de que todo cuanto en nosotros acontece, es pasajero.
Hemos presenciado desde lo que Somos infinidad de innumerables encarnaciones
Que nos han servido para experimentar jugando todo lo que como parte del Uno Somos.
Sin cada una de nuestras existencias no podríamos reconocernos en nuestra totalidad.
A través de ellas nos perdemos, buscamos, crecemos y nos reencontramos.
Así es como evolucionamos, expresando y actualizando nuestro  ser.
Hemos muerto como personajes, multitud de veces: natural o accidentalmente,
Trágica y serenamente; por lo tanto, ninguna clase de muerte nos  es ajena,
Las hemos vivido todas. Y de ellas no existe rasguño alguno en lo que Somos.
Hemos asistido a todas esas muertes, del mismo modo que a nuestras  encarnaciones.
En unas y en otras allí estábamos, presencia pura, como conciencia y testigos.

El principal problema que siempre hemos tenido ha sido el de la identificación
Con cada una de las formas, momentos y procesos por los que hemos ido viviendo,
Apartando la atención de nuestro ser y confundiéndonos en lo que no somos.
Mientras no hemos sabido esto nos ha guiado el instinto a modo de intuición larvada,
Por eso, muchas veces nuestra vida a falta de claridad carecía en apariencia de sentido.
Pero, puede que nos  haya llegado el momento de la vuelta a Casa, es decir,
De abrir los ojos del alma y ver nuestra infinitud, contemplándonos en todo,
Pues es allí donde Lo Divino o Real, nuestro verdadero ser, se manifiesta y expande.
Falta tan sólo que se caiga el velo que la resistencia del ego levanta
Entre lo que es real y lo que la mente fraccionando interpreta.
Ese velo está hecho de pasado y de futuro, o sea, de pensamientos. En cambio,
Con la atención en el presente, el Ser se nos muestra en su bella y elegante grandeza.

El mundo material es el menos real


Para quienes se inquietan de un modo o de otro por el más allá,
Porque no creen, dudan sobre él o temen por no saber lo que se van a encontrar,
Creo que estaría bien hacer algunas consideraciones basadas en el sentido común:
Afirmar que la muerte es nuestro fin es lo menos científico que se puede decir de ella.
Porque nadie en sí mismo ha sido testigo de la misma. ¿Dónde están las pruebas?
Hacemos interpretaciones basadas en premisas falsas o en meras suposiciones.
Como la de decir precipitadamente que somos el cuerpo. Conclusión rocambolesca:
Si ese no funciona, quien lo tenía ha dejado de existir, o sea: se ha muerto. Se acabó.
Pero, por poco que uno se observe verá que lo más esencial de él: pensamientos, sentir,
Comprensiones de la realidad, intuiciones, etc…no son su cuerpo, y eso se percibe,
Sino que pertenecen a otro nivel de realidad que es la que forma su mismidad o yoidad.
Si esa mismidad o sentir que se es conciencia individual de ser no es nuestro cuerpo,
¿Por qué pensar o creer que lo que le pasa a él es lo que nos sucede a nosotros?
Eso no tiene sentido.

Cierto, que nuestro ser es invisible para nuestros sentidos físicos,
Ellos sólo registran una clase de vibración o longitud de onda muy lenta o densa.
Es, con otros sentidos como se capta nuestra esencialidad: con los ojos del alma.
Lo invisible para nuestros sentidos no significa que no sea real.
Al contrario, eso es lo que nos hace sentirnos reales, sabernos vivos y sobre todo: Vida.
El cuerpo, como tal, cerebro incluido, no sabe nada, es materia inerte
Estimulada, vivificada y animada por la fuerza del ser-conciencia que somos.
Y digo yo: si existe el mundo de la materia y para los sentidos físicos, tan rudimentario,
¿Qué estrechez de mente nos lleva a creer que no hay el mundo del espíritu o del alma?
Hay que ser muy poco imaginativos, muy desconectados de nuestro ser
O tal vez muy orgullosos para negarlo. Sí, hay una realidad espiritual. La esencial.  

miércoles, 8 de agosto de 2018

Somos un río resplandeciente de Amor


Hace muchos años, en realidad vidas, que estamos alimentando personajes,
Ahora somos esto, mañana lo otro, mientras que nos esforzamos por reivindicarnos,
Crearnos, recrearnos, y todo para sentirnos seguros, recibir un poco de cariño,
Y pensar que somos algo con identidad suficiente para no perdernos en este mundo.
Cuánta lucha, cuanto trabajo y cuanto empeño para fortalecer una idea,
Mil pensamientos y no sé cuántas imágenes que sostengan nuestro tinglado personal.
El problema, por el que todo ese esfuerzo no nos lleva a salir nunca de nuestro laberinto,
Es que se parte de un error muy grande: creernos que somos imperfectos,
Inmerecedores de felicidad, seres caídos o empecatados en origen.
Esa idea, que nos hace asumir los incontables roles que vivimos y experimentamos
Sostiene la creencia que nos retiene encarcelados en nuestros engañosos sueños
De ser esto o lo otro, buenos, malos, afortunados, desgraciados, víctimas, verdugos…
Nos movemos así como ratoncillos girando y perdidos en su estrecho enclaustramiento.

Esa forma de percibirnos es la que tenemos que desmontar y desvelar,
Porque es justo la autohipnosis que configura nuestro particular encierro.
Tenemos que abrir los ojos y ver que nadie es lo que parece o se ha creído ser.
Detrás del drogadicto, el ladrón, el asesino, pero también del encumbrado por el éxito
Hay la misma realidad, lo que somos: seres luminosos y radiantes, Hijos de Dios.
No contemplarnos así refuerza y alimenta el espejismo del modo como nos vivimos.
Cada ser humano, bajo cualquiera de nuestras relativas y circunstanciales apariencias
Esconde lo que es: un verdadero foco de luz y amor, de energía, conciencia y gozo.
Sólo una máscara externa, cual cenizas sobre la lava de un volcán  nos lo impide ver.
Pero vivir es una aventura cuyo tramo principal nos conduce al despertar a esa visión:
La de que nadie es más que nadie y todos somos un río resplandeciente de Amor.

martes, 7 de agosto de 2018

Nuestro propósito es lo importante, no la muerte.


Que no nos importe tanto la muerte y sí lo que tenemos que hacer en la vida.
Aunque, si no se sabe lo que somos ni por qué estamos aquí eso resultará difícil.
Esta no es “nuestra” vida, la nuestra, la de verdad es eterna y sin límites.
Como Vida que sí somos vivimos a través de existencias, infinitas.
Pero si estamos dormidos, como nos pasa a la gran mayoría,
Creemos que cada existencia es la única y con definitivo final: nuestra muerte.
Eso simplemente es, con todo rigor, Mentira. Venimos desde el fondo de la Eternidad,
Sin salir de ella, como almas vamos viviendo realidades, encarnación tras encarnación,
Así es como nos vamos desarrollando y reconociendo desde/en el dios/diosa que somos.
La muerte, pues, no es el problema, sólo es una mera circunstancia, una formalidad,
O si se quiere un mecanismo para cambiar de etapa y poder avanzar.
No se trata tanto, pues, de aferrarnos a “esta vida” sino de vivir en ella lo que nos toca,
Eso, gracias a lo cual amaremos más, seremos más conscientes y más realizados.

Con la muerte hay que contar como algo natural, como lo que es: un mero trámite
Que sólo indica el final de un trabajo, de unos compromisos que teníamos que cumplir.
Después, lo que cuenta de verdad es el regreso a Casa. ¡Que ilusión!, habría que pensar.
¿Y por qué no verlo ya así? Tenemos que cambiar de idea sobre lo que es nuestra vida.
Esto de aquí no es lo más importante, sí, en cambio, lo que con ello hagamos.
Dificultades, problemas de cualquier clase, grado y condición, pero también cualidades,
Bienes, beneficios y ventajas son, todo, oportunidades
Para afirmarnos en, descubrir y realizar aquello que nos  motivó a nacer, lo que somos.
Sólo eso debiera de contar, sin que miedos, emociones ni apegos nos arrastren,
Ni tampoco, desde luego, el fenómeno de la llamada muerte.
A más comprensión y conocimiento de lo que somos y de lo que es la vida
Menos nos importará la muerte y con más indiferencia la miraremos.

Este horrible peliculón


No le des más vueltas a lo que vives, deja de amargarte la vida,
Ni tampoco te vuelvas muy ufano, ni menos te creas el rey del mambo.
Vives lo que vives y ya está. Te esfuerzas, luchas, piensas, reflexionas.
Nos quejamos porque unos nos fastidian o nos alegramos por los que nos hacen bien.
Otros se quejan de nosotros. La triste historia de siempre, de los buenos y de los malos,
De los afortunados y de los desgraciados. Imposible que esto sea verdad.
Aquí existe necesariamente una inmensa trampa, un monumental engaño.
Si nos lo creemos vamos apañados, como suele suceder. ¡Qué historión!
Luego, para hacerlo más llevadero montamos religiones y demás,
Así, nos consolamos o creemos hacer méritos para que la cosa se nos arregle un poco.
Todo vale mientras nos sirva para sufrir un poco menos y despertar un poco más.
Y al final, más pronto o más tarde, como podemos, vamos descubriendo el misterio.

¿No lo hemos visto ya? Nadie hace algo diferente de lo que sabe y puede hacer.
Y nadie se encuentra con algo distinto de lo que con su saber y poder siembra,
Así es la lógica implacable de la vida externa a través de lo que creemos ser.
Más aún: ¿quién decide o es el dueño real de su pensar, sentir u obrar? Nadie, sale sólo,
Aunque parezca lo contrario. Ningún personaje es libre en cualquier novela.
¡Pero el actor lo sabe¡. El problema viene si se olvida de esto, y entonces se vuelve loco.
Nosotros somos como esos actores locos que se han identificado con sus personajes.
Aquí existe demasiado sufrimiento como para no parar un poco la escena y mirar,
Mirar lo que está pasando, porque hemos perdido los papeles, literalmente,
Y hemos convertido esta película en la realidad única, como si esta lo fuera todo.
Pues no, ya va siendo hora de despertar, de darnos cuenta de quienes somos,
Y de lo que aquí está sucediendo. Esa sí es la única esperanza real a nuestro alcance.
Lo demás serán sólo paños calientes, autoengaños, pan para hoy y hambre para mañana.