viernes, 21 de septiembre de 2012

MI EXPERIENCIA CON MADRE MEERA


MI EXPERIENCIA CON MADRE MEERA

(Alemania, Balduinstein, Septiembre de 2012.)
          


Hace ahora dos años me enteré casualmente de la existencia de Madre Meera a través de la lectura del libro de Vicente Merlo titulado “ La llamada ( de la ) Nueva Era” donde se hace referencia de manera especial a ella, una mujer indú, que nació el 26 de Diciembre de 1960 en el pueblo de Chandepalle en el sur de la India. Me llegó profundamente lo que allí leí sobre sus experiencias espirituales desde muy niña, su visita y estancia en el Ashram de Aurobindo por el que siempre he sentido una profunda admiración y respeto, y su reconocimiento como una de las encarnaciónes de la Madre Divina que ofrece hoy “un camino de felicidad y de transformación, una oportunidad de abrirse a su bendición, de recibir y trabajar con su Luz para cambiarnos a nosotros mismos y al mundo en el que vivimos” (Answers, part I). Desde el momento en que supe de su existencia me movilicé como pude y supe para ir hasta Balduinstein, pueblecito al sur de Frankfurt desde donde ella, a los pies del castillo de Shamburg, en un antiguo edificio, ofrece su Darshan. Algo sentí muy profundamente que me hablaba de realidad, verdad, divinidad y poder en alguien hasta ese momento desconocida para mi. Me llegó al alma.

            Ahora, cuando escribo esto, ya es la cuarta vez que voy. Su único camino es el de la referencia constante al ser divino en nuestra vida, en la de cada cual, independientemente de la forma, tradición, cultura, religión y creencias que uno profese o a las que pertenezca. Nada, pues, que uno tenga que cambiar o a lo que se tenga que adscribir, sólo cuenta la entrega que pongas, la apertura y el reconocimiento al Fondo que ya eres. Ese es el principio de todo cambio. Ella, que está instalada en Eso, que es Eso, es el catalizador que moviliza todos nuestros recursos, ella es el espejo sin forma donde uno poco a poco se encuentra. Ponerte en sus manos no es ponerte en las manos de alguien externo a ti sino la entrega confiada a la Realidad suprema de tu mismo ser divino. Es la vuelta a lo que eres.
           
La palabra Darshan se refiere al encuentro entre un Maestro y su discípulo en el camino del crecimiento y desarrollo hacia la realización del ser, es también el acto por el que alguien que va a donde un ser sabio y santo, se coloca ante él para recibir su instrucción, ayuda e intervención personal y directa. Por todo eso, se trata de una experiencia única y muy poderosa que acelera y potencia nuestro despertar interior.

El valor de cada Darshan lo da la cualidad del Maestro y la mayor o menor entrega, sinceridad y disponibilidad del discípulo. No todos los Darshan tienen la misma forma externa. En el caso de Madre Meera se da en absoluto silencio. Ya hay demasiadas palabras, interpretaciones y diálogos en nuestra mente. Ella ofrece lo esencial, el descenso y despertar del Divino en nosotros, y remueve para ello todos los obstáculos que lo dificultan. Esto ocurre siempre que uno se abre, pero de manera privilegiada en cada Darshan.

A continuación hago un pequeño relato de este último viaje, de cada día de Darshan. Aquí reflejo alguna de las impresiones que de manera rápida dejaba escritas cada noche al ir a casa. Mientras Lola, mi mujer, preparaba, con todo el cariño y entrega que ella pone en cuanto hace, la cena para los dos, yo dejaba constancia de mi experiencia. En general, son muchos los aspectos que uno ve cambiar en su vida desde el momento en que se pone en camino bajo la Presencia consciente del Ser Divino, sea siguiendo la estela de un Maestro externo, como en este caso, o a solas con el Maestro interior que anida en cada cual. Todo se va integrando, todo se va amando, todo se va alineando e integrando, lo oculto pasa a la superficie, las sombras se iluminan y la “Vuelta a Casa” se realiza. Es una experiencia que cada uno ha de vivir por sí mismo, un camino que todos debemos más pronto o más tarde transitar. Por ahí pasa la evolución de nuestro ser.




Primer día de Darshan. (14 de Septiembre, 2012)

            Me encuentro sentado en silencio, en la inmensa sala bien iluminada del igualmente inmenso edificio, a mi izquierda Lola, junto a otras aproximadamente 300 personas venidas de distintos lugares de Europa, las hay también de América, incluso de Asia…, a mi derecha hay una persona de raza negra; gente joven y adulta, de toda condición y nivel, profesión o estudios, algún anciano e incluso niños, gente de la llamada Nueva Era y gente sencilla, gente variopinta llegados todos de puntos muy alejados del globo; antes de entrar los hemos oído hablar en alemán, inglés, francés..
           
            A las siete en punto todos nos ponemos de pie, aparece entonces por el fondo, desde una puerta situada al final del largo pasillo de sillas, Madre Meera, tan pequeña, tan grande; pasa junto a mi como un viento suave y poderoso que llegara desde el centro mismo del universo. Ella en sí es un ciclón de Silencio, en realidad no pasa ella, sino ese majestuoso silencio, el Misterio de una Presencia de la que es humilde testigo el sari que viste su cuerpo; difícilmente se puede quedar uno con el aspecto externo. Al mirarla uno se da cuenta enseguida de que está ante lo que se oculta detrás de nuestro propio mirar, lo que sostiene a lo contemplado. Eso mismo en sí te transforma, y uno percibe que en adelante ya nada será igual.

Madre Meera se sienta en un sillón sobre una pequeña tarima por donde iremos desfilando cada uno de los allí presentes, la ves ajena, totalmente distante de todo cuanto no sea el mundo del alma, siempre el mismo gesto, la misma mirada. Uno la intuye en ese mismo Misterio al que hemos aludido que no es una incógnita vaga sino el mismo Peso de Lo Real Divino mostrándosenos. “La Madre que lo ve todo y el niño que está en la cuna”.

Las dos horas que dura el Darshan permanece igual de inalterable y relajada, sin muestra alguna de cansancio; a todos recibe de la misma manera, con igual intensidad, dedicación y entrega, sin ningún gesto nuevo ni cambio en su semblante que trasluzca alguna clase de preferencia, emoción o simpatía por la cual el ego de alguien se sienta señalado; te das cuenta enseguida de que ella no ve cuerpos, ante todos ellos, sean de niños, adultos o ancianos, saludables y bellos o decrépitos y mermados por la huella del tiempo, manifiesta una palpable y llamativa indiferencia, ella está con nuestras almas.

            Pero mi cabeza ahora, por momentos, no deja de pensar y parlotear. Aparecen el escéptico y el que no siente nada, el que duda…; pero yo no trato de ocultarme nada y me dejo ser y estar así como parte de mi realidad que debe de aflorar; pasan entonces por mi mente mis muchos personajes, esas máscaras y trajes, defensas en definitiva, tras los cuales se esconde el temor a no ser querido ni  valorado si me muestro como soy, surge en toda su crudeza mi mente separada y me comparo con muchos de los que veo allí, me veo tan terrícola, tan prosaico, tan humano…; mis historias, mis envidias, todo parece que se haya convocado para esta ocasión. En cambio, algo en mi me dice que es perfecto lo que me está pasando, que no debo de apartar nada.

 ¿Devoción?, ¿Dónde está entonces la actitud mística y amorosa de otro tiempo?...Pero yo estoy allí, muy presente, muy entero. Yo no soy mis pensamientos, ninguno de ellos, ni siquiera ninguna de mis acciones pasadas, presentes o futuras. ¿Qué otra cosa me ha llevado aquí sino el corazón, es decir el amor a lo más grande y a lo más hermoso, a Lo Divino en sí? Creo profundamente en el Misterio que palpita dentro de mi, que me seduce y me toca, pero también al que a su vez busco reflejado fuera, precisamente, ahora, en Madre Meera, cuyo ser me lo pone delante, muy cerca, potenciado y multiplicado, y me lo enseña, señalándolo precisamente en mi corazón expandido que se sabe así igualmente Misterio.

            Yo quiero mostrarme con mi verdad y con mis falsedades, con mis certezas y mis contradicciones, que salga lo que tenga que salir, no quiero disfrazar nada…Toca mi turno, me levanto y me coloco en una fila de unas veinte personas que lentamente nos vamos acercando hasta donde Madre está. Hay una emoción expectante en mi interior. A sus pies nos arrodillamos, pero sólo por una cuestión práctica, porque es la única manera de que pueda tomar con sus manos nuestra cabeza; ya estoy, pues, arrodillado y con la cabeza inclinada que ella toma delicadamente con sus manos, unas manos delgadas, finas, que casi se transparentan…Yo estoy relajado, sin hacer esfuerzo alguno porque no tengo que mostrar ni demostrar nada, sencillamente me he entregado como un niño en sus brazos. Ella sabe; yo sé que sabe. Madre dice que cuando ella sostiene nuestra cabeza está deshaciendo nudos y removiendo los obstáculos que dificultan u obstruyen nuestra práctica espiritual y desarrollo interior.

            Mi alma intemporal en otro plano distinto del que se halla mi cuerpo, lo que de verdad soy tan presente, la historia de un alma mostrándose aquí y ahora a quien la puede ver; estoy desnudo con todos los eones de existencia en los que he sido. Mi personalidad terrestre quedó muy atrás, muy lejos, siendo apenas una mota de polvo en el desplegar de mi ser. ¿Quién soy yo entonces?, ¿quién la mira a Madre Meera que me está mirando?, la infinidad de vidas que he vivido se agolpan con sus cicatrices, sus empeños y su necesidad de ser. Todo se está dando más allá de los ojos de Madre y más allá de mis ojos, unos y otros son apenas puertas hacia el Misterio.

Pasados unos segundos y tras levantar la cabeza otra vez mis ojos se hallan frente a los suyos. Sus ojos son como un ventanal hacia el corazón del Amor supremo; un cúmulo de galaxias y de estrellas diciéndote que eres amado. Estoy enteramente abierto, dejando que su infinita, profunda, cálida y acogedora mirada penetre y vea todo mi interior, y por lo tanto donde ella pueda ayudarme y darme salud y poder. Luego, me dirijo de nuevo a la silla; sé que algo ha pasado, lo siento, cierro los ojos, mi cabeza ya no piensa; el lugar de las dudas y de los parloteos mentales ha sido desplazado por una sutil energía de luz y de dicha que desciende sobre mi cabeza y mis hombros a la vez que se expande en mi corazón; es también como si las energías de mi propio cuerpo se estuviesen reordenando…

Todos estamos en silencio; han pasado dos horas, diríase que siglos, desde que nos sentamos en la sala y la última persona en llegar hasta ella también se ha sentado. Ahora, Madre Meera se quedado en su sillón varios minutos con los ojos cerrados y uno percibe como si ella con un manto intangible de amor estuviese llegando al corazón de cada uno de los que allí estamos, acercándose de tu a tu a cada alma que se encuentra dichosamente con ella.

           

           

Segundo día. (16 de Septiembre)

            Llega M.M., leve, muy leve, y nos levantamos respetuosamente, callados; la pequeñez casi insignificante de su cuerpo contrasta con la enormidad de su Silencio, un silencio que es como un inmenso vacío lleno, lleno de todo lo que uno sabe que se esconde detrás de nuestros infinitos anhelos; silencio que diríase que se puede tocar, palpar y sentir, un silencio que lo penetra todo y que te roza haciéndose notar al pasar por tu lado. Silencio inasible, inabarcable, indefinible.

            Madre camina por medio del pasillo de sillas que ocupamos nosotros, anda con el esfuerzo justo que se necesita para llevar su sari. Parece que esté pero no está; te llega muy ajena a todo cuanto no es y te acerca a su mundo sin pretenderlo, tan sólo con el arrastre de su Presencia que todo lo atrae hacia sí, como un agujero negro. Nuestras almas la reconocen más allá de cualquier comprensión humana.

            Se sienta en su sillón, y mi mirada se vuelve hacia ella que ocupa su sitio perfectamente encajada en el Universo, con un aplomo que paraliza el tiempo y hace que todo en su entorno se quede callado y quieto. Medito con los ojos cerrados, aunque pronto me surge el impulso de volverla a mirar tratando de absorber para mi ese extraño Poder que en nada te deja indiferente, un Poder que no relacionas con algo externo propio de la personalidad, apariencias, su cuerpo o en general su ego, ¿es que ves su ego por alguna parte?, no percibes tal cosa, sino el Fondo del Ser mismo, su esencia haciéndose presente y asequible para cada uno de nosotros. Esa presencia misteriosa de lo que no se ve con los ojos de la carne es la que hace que te inclines y te rindas ante la rotundidad de su Fuerza y Belleza manifiestas. No es cosa de creencias, las hemos traspasado y dejado casi del todo de lado, sino de impactos, energías, presencia. Es lo real lo que te toca.

            He dicho belleza, sí, una belleza extraña la de esta mujer de cuerpo diminuto y en nada sujeto a las estéticas y arreglos que por lo general forman parte de las mujeres de nuestro tiempo. Su belleza cautiva, no por estar hecha de cánones humanos ni de simetrías o formas que se impongan de manera alguna, no, nada de eso, su belleza es la belleza de la Bondad, el Amor, el Saber y la Fuerza intemporales que anidan en el corazón de todo ser, en un niño, una planta, una montaña o un universo. Y eso te conmueve y, como decía antes, te arrastra. De Madre Meera no se perciben sus años, ni su cuerpo, ni su ropa, ni su cultura, ni sus hábitos, ni su cotidianeidad, que en un nivel los tiene y claro que te das cuenta, sino que es su Ser el que continuamente te llega y en el que te encuentras.

            Me quedo en silencio y me dejo bañar por oleadas de alegría y de gracia. Yo no hago ni pido ahora nada, me limito a estar, sin pretensión alguna. Ella sí sabe, y yo me dejo, igual como el enfermo cuando va al médico, me pongo en sus manos, no le pongo condiciones, me ve y hace lo que tiene que hacer, lo está haciendo, me fío absolutamente, la creo. No se trata de una fe ciega, ni del fanático que sigue una bandera, sino la del impulso que nace del corazón que reconoce, comprende, se entera de aquello  a lo que la razón no llega y finalmente se entrega. Es un acto de ser a ser, no de pensamiento a pensamiento.

            Aquí y ahora mejorar, cambiar o quitar aspectos de mi ego no me importa, me da sencillamente igual, estar cansado, aburrido, triste, alegre o de cualquier otra forma en nada va a condicionar lo que está sucediendo, lo que sucederá como consecuencia del encuentro entre Madre y yo, convencido como estoy de que el nivel del trabajo entre ella y nosotros no es superficial sino profundo, en el plano en el que todo se gesta, que es en el de la conciencia-energía de la misma alma, allí donde sin dudarlo mi ser se halla plenamente entregado y rendido; por eso, ahora, sólo confío en la actividad del proceso y en su dinamismo. Eso me llena de contento.

            Ya ha llegado el instante en que me he de levantar y ponerme en la fila para ir hasta M.M. Me acuerdo de la imagen del niño correteando, jugando sin preocuparse por otra cosa que no sea su mismo juego, ni siquiera ha de tener el pensamiento puesto en su madre, a ella ya la da por supuesto, como también el que va a recibir de ella cuanto necesite y le pida. Esa  como indiferencia calculada es la que me acompaña. Ya estoy a sus pies, me inclino, toma mi cabeza entre sus manos, me siento muy bien, mi cabeza descansa, y levanto mis ojos hasta los suyos de mirada insondable como un océano de luz, de amor y de gracia, siento que me acoge sin reservas, que me dice un sí sin fisuras a todo cuanto yo soy, sin ninguna crítica, sin cuestionarme nada, sin ponerme peros, me sé totalmente amado y reconocido sin necesidad de mejorar ni tener que hacer mérito alguno, así como soy es como soy querido.

            Alegría de nuevo, una alegría de procedencia indefinida porque sale de dentro y de fuera, de todas partes desde donde yo soy y me percibo. Me acompaña la certeza de que los nudos, las sombras y cualquier obstáculo se irán deshaciendo, sin esfuerzo, sin lucha ni tensión alguna, sólo viviendo, existiendo, siguiendo el movimiento de mi propio ser en mi vida, en este mundo, donde sea que surja, en todo aquello que se presente.

            Me siento de nuevo y dejo que la gracia llueva su fina luz de amor sobre mis hombros, disfruto de este momento en que los pensamientos se han retirado, este momento en que el toque divino lo hace todo. Madre se levanta, de nuevo va a pasar por mi lado y yo corro por dentro hacia ella antes de que pase de largo, le digo que soy yo, el de siempre, aquel que ella conoce de sobra desde toda la eternidad, y entonces veo que me sonríe y yo al ver su gesto me lleno de alegría y grito “¡ha sido ella, sí, me ha reconocido!”.
             Tercero y último día. (16 de septiembre)

            ¿Quién es esa figura de mujer pequeña y apariencia frágil que pasa ahora junto a mi? Es el “viento” que la lleva lo que de su identidad me llega, el vacío tan lleno que queda cuando se prescinde de todo pensamiento, materia y forma. Ella para mi es, sobre todo, la parte oculta que el iceberg esconde, no porque no esté presente, que lo está siempre, sino porque nuestra mirada viciada y atrapada por el poder de los sentidos ha mediatizado cualquier otra forma de percibir. Pero, con todo, uno atisba oleadas de Realidad más reales que la realidad misma, y en las que el existir no es constreñido por esta idea pequeña que se tiene de lo que es la cuotidiana existencia.

            Ella es el aire fresco de la única Fuente que me alimenta, el murmullo de mi ser que en sus ojos se encuentra. Y esto es lo que me recuerda el verla, aunque mi recuerdo aún esté teñido de muchos lastres de olvido. “Como el ciervo que a la fuente de agua fresca va veloz”, que decía el Salmo, así parece que va uno, a tientas muchas veces, aunque sutilmente conducido casi siempre por un profundo y extraño saber, hasta la cálida y amorosa Realidad misma. ¿No es esto acaso lo que está ocurriendo?, ¿por qué admiro y me quedo impactado, boquiabierto tal vez, ante esta mujer tan discreta que casi ni se nota al pasar?, ¿proyecta uno sólo sus deseos o acaso recuerda más bien?, y si es así, ¿qué recordamos?, ¿por qué se conmueve uno y se desplaza de su tierra unos mil quinientos kilómetros sólo por estar unos ratos con ella?. “Como el ciervo que a la fuente de agua fresca va veloz, los anhelos de mi alma van en pos de Ti, Señor”. Es verdad, es así, no puede ser de otro modo.

            Ya estoy de nuevo ante ella, arrodillado, mientras toma por tercera vez durante estos días mi cabeza que levanta suavemente, pues con mi deseo profundo de reverencia y entrega hoy yo la había inclinado demasiado. Noto su energía, me siento muy bien, no me movería de donde estoy si por mi fuera, pero un suave movimiento de sus manos hace que de nuevo alce mi cabeza y sitúe mis ojos ante los suyos; no son unos ojos lo que tengo delante es el amor mismo, es el Cosmos acogiéndome, el Universo entero haciéndome sentir que yo jamás he salido de allí, que soy eso y que cualquier idea sobre mi es sólo una idea, algo muy pequeño e irreal. No tengo que defenderme ni protegerme de nada ante esa mirada sin pensamientos, ante ese mirar sin barreras ni aristas, sin expectativas ni condiciones. Es la ola la que está ante el Océano, y al saber esto mi cuerpo se deshace y mis personajes se derriten, no hacen falta para nada; entonces mi alma se libera un poco más y extiende sus alas de alegría para volar con ella, la Madre, el Amor Divino que todo lo incluye.

            “Haz lo que quieras, hoy no te pido nada, todo lo he dejado en tus manos” digo sin hablar, pronuncio sin pensar. Estoy en el mejor sitio a donde podría ir y donde me podría encontrar. Me levanto y voy de nuevo a mi silla, cierro los ojos, mi mente está muy tranquila y los sentidos físicos se retraen, retroceden cada vez más hasta quedar muy lejos de mi conciencia, casi imperceptibles, para alguien que me mirase por fuera estaría profundamente dormido, pero no, estoy despierto, muy despierto, de modo que sólo el mirar y la atención desnuda lo van ocupando todo, me adentro sin esfuerzo alguno, sin pretenderlo y de manera natural más y más en ese estado, en ese espacio. Me siento muy bien…, poco a poco voy abriendo los ojos y de nuevo veo a Madre sentada, ya han pasado todos. Ella en su sitial inmóvil, silenciosa, sin haber salido ni un instante del Ser Real en el que todo danza, y nosotros, yo mismo, fluctuando aún entre lo que cambia y el Misterio, entre el anhelo y mi verdadero ser, entre el recuerdo de lo que soy y el olvido que me acompaña.

            Ahora Madre Meera se levanta y vuelve a dirigirse de nuevo por el pasillo entre las sillas hacia la puerta de salida. Otra vez pasa por mi lado al tiempo que me llega el encanto cautivador de la verdad que yo soy en el Silencio que ella me muestra. No me quedo solo, Ella, que es mi Alma, el Alma de mi ser, va conmigo para siempre, a donde quiera que vaya, en donde quiera que esté, sea lo que sea lo que haga allí me encontraré con Ella, porque la Madre Divina lo ocupa todo, se halla en cualquier punto de la realidad interna o externa, sutil y espiritual o material y manifiesta.

            Cuando esto lo has visto y experimentado dejas ya de estar separado o aislado para siempre; el contacto se ha realizado en el único punto en donde se puede de verdad establecer que es en el corazón de la Conciencia-Amor-Energía, nuestra verdadera identidad.

            Salimos Lola y yo del recinto y descendemos ya muy entrada la noche, bajo las estrellas, por la colina que separa Shamburg de Balduinstein. Mi linterna enfoca a un ratoncito que busca comida entre la hierba, da un pequeño salto y se esconde. Andamos tranquilamente hasta la bonita casa que nos ha dado cobijo estos días. Nada ha terminado, al contrario, nos hallamos al principio de la historia, en realidad todo se está haciendo porque Lo Divino está penetrando en nosotros y materializando su labor constante, el Darshan en realidad se prolonga y viene con nosotros. Lo empezado, la obra buena, se irá completando allí donde estemos, en nuestras casas, en el trabajo, en cualquier tiempo, circunstancia y lugar, y nos iremos viendo un poquitín más despiertos y también más centrados en el regazo confortable y seguro del Universo del que jamás hemos salido, del que nunca saldremos, en ese nuestro constante crear y ser, cada cual a su manera, por el camino que hayamos decidido tomar, sabiendo que “todos los caminos llevan al mismo fín, que es, realizar la Divinidad(Answuers, part I).

                                   

lunes, 20 de agosto de 2012

EL EGO ES UN MEDIO Y UN INSTRUMENTO PRECIOSO, NECESARIO Y UTIL A NUESTRO SERVICIO. LOS PROBLEMAS VIENEN CUANDO LE DAMOS UN PAPEL Y UNA RELEVANCIA QUE NO TIENE.

Creo en la realidad funcional y positiva de mi ego, también en sus limitaciones, así como en la necesidad de trascenderlo integrándolo.

El ego forma parte de nuestro bagaje humano,
Es un instrumento y un medio necesario para que la conciencia
Y todo nuestro potencial se desarrollen y expresen
En y a través del mundo de la materia y de los cinco sentidos,
Y siempre que nuestro ser se sirva de las formas y de los nombres
Para comunicarse a través de una identidad externa,
Sea en un mundo físico o espiritual.

Nuestro ego es nuestro referente necesario para nosotros y ante los demás,
Es un constructo en torno al cual nuestra mente, nuestros sentimientos
Y también nuestro cuerpo se configuran formando una identidad concreta.
Todos nuestros pensamientos, nuestros recuerdos, nuestra memoria,
Lo que creemos de nosotros mismos o del exterior, también nuestra inteligencia,
Nuestro razonar, así como el modo de reaccionar y de sentir,
De crear y vivir forman nuestro ego.

Quien no tiene un ego claro, equilibrado, definido y armónico
Carece de una de las bases para el normal funcionamiento allí donde esté.
Sirve para situarnos y que los demás a su vez se sitúen ante nosotros.
El ego es una creación fundamental y necesaria de nuestro ser,
Un medio y un instrumento irremplazable a nuestro servicio.

Aquel que no tiene construido su ego es un pre-ego, alguien indefinido,
Una persona inmadura desde el punto de vista del desarrollo.
La persona pre-ego vive aún en una especie de nebulosa sin anclajes reales,
Es abstracto, nada o muy poco funcional, no sabe relacionarse, ni es práctico.
Hay pre-égos llenos de ingenuidad y real ignorancia, sencillamente inmaduros,
Estos por lo general son buena gente, no ven más, no han crecido.
Los peores son los que entornan los ojos, los “espirituales”
Aquellos que van de ignorantes o humildes sin creérselo en sus adentros.
Parece que quieren aprender y dicen que buscan un extraño “conocimiento”
Pero vomitan todo lo que les viene de fuera.
Se parecen más bien a los tibios del Evangelio, tan difíciles de que cambien.

Rechazan toda clase de compromisos, carecen de objetivos y de sentido,
Se mueve más bien entre vaguedades y sólo valoran lo “puro”,
Lo “no contaminado”.  Por eso practican una especie de angelismo inconsistente,
Y de espiritualidad pseudomística, sin núcleo, poco real.
Su amor es muy universal, aman a todos, dicen, o sea a casi nadie,
Por eso son tan críticos con cualquiera que se les pone por delante.

Algunos pre-ego de entre estos últimos buscan, dicen, fusionarse con el Todo
Lo que en su caso significa en realidad huir de todo,
De todo lo que sea vida, cuerpo, mente, integración, interrelación, responsabilidad
Y, en definitiva, de cuanto suponga trabajo, esfuerzo, lucha, constancia y transformación, tanto individual como social o colectiva.
Practican un buenismo adanista que no refleja lo que parece
Sino el autorrechazo inconsciente hacia la dimensión humana de sí,
De su cuerpo, de sus debilidades y limitaciones,
En el fondo carecen de un profundo amor hacia ellos mismos.

El pre-ego se mueve dentro de una sutil mentira sobre su identidad real
De la que ignoran u ocultan casi todo, también del mundo y de los demás.
Añoran el estado del Edén paradisíaco y de la vida prenatal oceánica,
Donde quisieran estar, bien recogiditos y protegidos
En el líquido amniótico del vientre materno, nutriéndose del amor sin exigencias,
Aquel que no les lleva a tener que dar ni aportar nada.

La gente pre-ego en el fondo no desea crecer, son eternos adolescentes.
Su punto más débil y del que huyen como quien ve al diablo
Es el de tener que enfrentarse con su propia “sombra”, o sea
Sus miedos, frustraciones, carencias, rabias, deseos reales, odios, resentimientos…,
Por eso se empeñan en mostrar sólo una cara de sí mismos, la “pura”,
Ignorando que así se apartan cada vez más de Lo Real que lo une y abraza todo.

Curiosamente la gente pre-ego rechaza ante los demás el ego
Del que hablan mal, hasta el punto que dicen que hay que “matar al ego”,
Un ego que ni siquiera o apenas conocen y del que lo ignoran todo,
Sobre todo su utilidad, sentido y papel en el desarrollo humano.

Como son incapaces de reconocer su propio poder interior
En ocasiones rechazan también todo poder y autoridad externa
En nombre de una libertad que nada tiene que ver con la libertad real
Porque lo único que reivindican es la de ellos mismos en el centro de toda acción.
Otros, en cambio, prefieren fusionarse con los más fuertes y autoritarios.
En ambos casos reflejan lo mismo, o sea, la ausencia de un centro y un ego adulto.

Muchos pre-egos vemos que lo son sólo de apariencia
Porque en el fondo tienen un ego gordísimo, infladísimo,
Pero al que no reconocen, ni ven, ni quieren ver pues resulta demasiado humano
Para ellos que se han de presentar como puros, limpios, santos, beatíficos…
Pero la realidad cotidiana más pronto o más tarde les va poniendo en su sitio,
Aunque no sea fácil, nada fácil, entre otras razones porque su orgullo se lo impide,
El orgullo que surge precisamente de su falta de identidad consciente,
Que es la raíz y el origen, la explicación de todo su problema,
Una identidad a la que más pronto o más tarde se tendrán que enfrentar.
Pueden muy bien ser kamikaces bajo el manto seráfico franciscano,
Aunque claro está, ellos, nunca lo reconocerían.


Por otra parte se halla el ego real, identificado y reconocido, el adulto
El que nos pone delante nuestros temores y deseos, también nuestras capacidades,
Todo el bagaje de positividades y negatividades que llevamos en nuestro haber.
Nos coloca ante nuestra humanidad plena, entera, no fraccionada, desnuda,
Lo blanco y lo negro, la luz y la sombra, lo agradable y lo desagradable,
Lo odiado y lo amado, lo demoníaco y lo unitivo, la inmanencia y la trascendencia,
El sufrimiento y la felicidad, la esperanza y la desesperación,
Lo considerado como puro y lo tenido por impuro,
Nuestra capacidad y nuestra impotencia.
Nada hay más sano que reconocer nuestra totalidad y andar con ella, abrazarla,
Sólo así podremos amar al mundo y a los demás de verdad
Y sólo así reconoceremos el gozo de la unidad en nuestro ser.

Aceptar, reconocer y amar nuestro ego con todas sus aristas, ángulos y recovecos
Es el principio de la salud mental, pero también del verdadero crecimiento.
Sólo quien conoce y ama su ego es capaz luego de trascenderlo sin negarlo ni matarlo, simplemente dejándolo en su sitio, en su función.

No se puede aceptar nuestro ego sin conocer, reconciliarnos y amar
Todo nuestro pasado, sin excluir nada.
El ego adulto ve en todo motivo y ocasión para aprender y crecer,
Hasta de lo más difícil y doloroso.
El ego adulto asume la responsabilidad de su vivir, no busca culpables fuera
Sino su capacidad de respuesta y de transformación desde dentro de sí.

Cuando se va viviendo la vida así nuestro saber crece,
Vamos adquiriendo maestría en nuestro existir,
Y poco a poco vamos reconociendo también los límites y escasa consistencia
De muchas cosas en las que nos apoyábamos antes;
Es así como vamos descubriendo también el papel real que nuestro ego tuvo
Y el papel equivocado que le otorgamos;
Nosotros viciamos al ego, lo distorsionamos y le dimos un papel que no era el suyo
Porque nos convencimos de que el ego era nuestro ser real,
El todo de nosotros mismos, la fuente y causa de nuestra felicidad,
De nuestro saber, de nuestro poder.
Hicimos de él un fin cuando su papel era y es el de medio.

Las luchas, las contradicciones y frustraciones, los sinsabores,
Tanta caducidad y la misma muerte como amenaza para todo lo transitorio
Empezó a mostrarnos la tremenda fragilidad de nuestros apoyos
Hechos de apariencia, fama, poder, formas, identidades que pasan, hábitos,
Señoríos, posesiones, referentes externos de todo tipo,…
Productos del ego al fin y al cabo.
Y empezamos a ver que el ego no estaba para darnos felicidad
Sino para que a través de él la expresáramos,
No estaba para darnos paz y plenitud
Sino para que con su servicio la compartiéramos.

Descubrimos al fin que nuestro ego no era nuestro ser
Ni nuestra identidad esencial, vimos sus pies de barro y su caducidad,
Comprendimos que haciendo de él un ídolo nos enterrábamos con él,
Y así nació el necesario desencanto, la desilusión,
La crisis de una vida vivida desde el ego y para el ego,
Una vivida que por vivirla así se encontraba de espaldas a nuestro origen,
A la fuente desde la que emanaba todo lo que con el ego plasmábamos.

Vivir, disfrutar, gozar, crear, construir, transformar, expandir, inventar…
Sí y mil veces sí, porque la Vida empuja y es en todo eso,
En un mundo del ego con su cuerpo, con su mente y con su energía,
Pero sabiendo que la Fuente es profunda y se halla en el ser,
En el corazón de nosotros mismos.

Intuyendo el Fondo, presintiendo el Manatial que se esconde detrás de todo eso.
Entonces es cuando ya  nos podemos abrir a la trascendencia, a Lo Superior
Que no es “otra cosa” contraria a la anterior, sino una dimensión  más profunda
Más sutil y abarcante, no caduca. Es la realidad del Trans-ego,
La realidad de lo transpersonal, del Espíritu, en cuyo seno se halla también el ego
Pero iluminado, transformado, centrado, unificado.

El ego maduro más pronto  o más tarde siente el impulso y la necesidad
De buscar, descubrir y sentir su Ser Real, aquel que sustentaba al ego
El Foco Central de nuestra Identidad, y no la identidad parcial y funcional
En la que tantas veces nos habíamos refugiado.

En este punto el ego de siempre acogido por nuestro Ser se pone a su servicio,
No lo matamos como algunos erróneamente dicen sino que lo acogemos;
Desde entonces ya contamos con un nuevo aliado, nuestro ego iluminado.
Y a partir de ahí la nueva vida, no de espaldas a la realidad
Sino creándola con todos los medios y posibilidades que nuestro ego da,
Pero con la inteligencia y la sabiduría,
El amor y el gozo, la energía y el poder que vienen de la Fuente,
La única protagonista, el verdadero hacedor, nuestra identidad de verdad.
 

viernes, 10 de agosto de 2012

Creo, siento y percibo que mis estados de ánimo son igual de superficiales como superficiales son las olas del mar Y que debajo de ellos lo que existe es un océano de paz y bienaventuranza.


Como nubes del cielo así pasan delante de lo que yo soy
Los pensamientos y las emociones, las sensaciones y los sentimientos;
Los puedo ver, darme cuenta de ellos
Y hasta puedo mezclarme y confundirme con lo que son
Como cuando uno se pierde y olvida de sí
Al ser envuelto y arrastrado en medio de un torbellino de bravas olas
Que rompen fuertes en la playa cuando el mar no está en calma.

Ahí están los pensamientos más o menos activos,
A veces muy sutiles, casi callados, con las cargas emocionales que alientan,
Y uno notando sus efectos que colorean todo cuanto ven;
Pensamientos a veces de temor, de duda, de inseguridad
Con sus respectivas ansiedades, sus tristezas, miedos o melancolías,
O, por el contrario, si aquellos son más venturosos,
Con sus alegrías, optimismos y contentos.

En ambos casos pensamientos
Y en ambos casos emociones o sentimientos.
Pero yo siendo siempre el mismo,
Aquel o aquello que yo soy y que hace posibles
A ambos tipos y clases de pensamientos con sus reacciones.

Porque yo soy en el corazón de mi ser
Un centro de Poder que en sí mismo es verdadera Fuente de Plenitud y de Vida,
Un centro en donde lo que existe no son las reacciones emocionales o sentimentales
Sino la Alegría, el Amor, la Inteligencia y la Energía puros,
Independientes de objetos, circunstancias y pensamientos.
Ese centro es a su vez Consciencia también pura, sin objeto.
Hay que ser muy hábiles para que la mente no nos atrape
Y muy despiertos para que las emociones no nos arrastren
Ni nos alejen de lo más real de nosotros, de ese centro.
No es fácil cuando aún se cree tanto en la realidad de nuestro ego,
Es dificultoso cuanto menos hayamos conectado y vivido
La paz, la serenidad, la alegría, el gozo y la plenitud de nuestro ser.


Creo que la vida es perfecta, sin errores en su manifestación y que siempre estamos en el momento, circunstancia y con las personas adecuadas.


Todos los colores y todos los matices
Se hallan en la “paleta” de la Vida Una,
También todas las posibles formas y los infinitos temas
Ninguno de los cuales deja de expresar la sabiduría y el ingenio
Del Artista-creador que los produce,
Así es como nos encontramos con la variedad de matices
Que dan lugar a los mundos, circunstancias, situaciones, ambientes, individuos, etc. que se pueden distinguir y contemplar, tan diferentes y distintos, tan antitéticos y aparentemente irreconciliables a veces en su diversidad:
Maravillosos, sorprendentes, bellos, amables, agradables, pero también en ocasiones repulsivos y repelentes, incluso horribles o detestables.

Pero la Vida que late detrás de todo es siempre la misma,
Así como la intencionalidad que los dirige e impulsa.
En esto no hay excepciones, ni errores, ni despistes,
La Vida sabe y por eso todo expresa un orden, una armonía, una bondad, belleza e inteligencia que no porque se nos escape o no sepamos apreciar no está presente.

El universo si algo no tiene es uniformidad, igualdad, repetición o monotonía,
Más aún, en el mundo de las formas, de los pensamientos y de lo que cambia
Cualquier identificación de la belleza, bondad, inteligencia o verdad
Con objetos, circunstancias o personajes es una proyección equivocada
Que más tarde se nos devuelve por la vida misma en su cruda realidad.
“Nunca volveré servir a señor que se pueda morir” fue la expresión
Que dijo S. Francisco de Borja ante el cadáver de su señora.

Todo lo que cambia y, por lo tanto, más pronto o más tarde perece
Es tan solo un cadáver en potencia,
Y un cadáver en potencia no puede nunca ser la verdad, la bondad  o la belleza,
Pero en cambio sí esconder detrás, en el fondo,
El amor-felicidad-gozo, la inteligencia-sabiduría y la energía-fuerza y poder
De la Vida Una.
Todo lo que no sea eso en sí, más pronto o más tarde nos va a frustrar,
Tal y como de hecho ocurre.

La perfección de la vida y por lo tanto su belleza no reside en ninguna clase de Apariencia, pero también hay que decir lo mismo al revés, es decir,
La apariencia de imperfección y de injusticia tampoco expresa
Que exista allí una equivocación de la Vida Una.

Ciertamente que nos cuesta aceptar o comprender esto.
¿Cómo reconocer que detrás de un asesinato, una tragedia natural o humana
Pueda esconderse la perfección del Ser, de Dios o de la Vida expresándose?,
¿Cómo estar de acuerdo en que una situación de paro laboral,
El desahucio de una casa, una separación no deseada,
Una enfermedad grave, un conflicto familiar, una discusión vecinal
O la imposibilidad de poder acabar un mes por falta de recursos económicos
Pueda ser una situación perfecta?
Pensar así, es una locura, una perfecta locura…¿o tal vez no?

Hay dolor en todo esto, cierto, hay sufrimiento, sin duda, así suele ocurrir.
Pero miremos ahora con perspectiva, con una cierta distancia y no “en caliente”,
Miremos el movimiento profundo que se esconde detrás de las cosas,
Entreveamos la Vida con sentido y sabia expresándose detrás de las apariencias
Y preguntémonos a donde nos llevó tal o cual experiencia dolorosa,
¿Qué es lo que aprendimos, qué desarrollamos,
Qué pudimos comprender, corregir y trascender como individuos o como grupo Humano?
¿Acaso sabemos de algún conocimiento que no se haya adquirido
Después de experimentar y probar, después de sentir satisfacción o sufrimiento?

La perfección de algo no se puede medir con los patrones del gusto o disgusto,
De si es agradable o no,
La perfección de algo la da el sentido de lo que se esconde detrás de su apariencia,
De aquello hacia lo que la Vida Una nos lleva
Aunque a veces sea por caminos aparentemente tortuosos o aparentemente injustos y repelentes.
Suele ocurrir que mientras se transitan los caminos de la existencia esto no se ve,
Sólo se conoce cuando se ha ido más allá de las noches oscuras
En las que a veces entramos
Y también cuando se ha podido ver detrás de todo este entramado
La claridad de la Luz, la verdad y la realidad del Ser que somos
El cual es inafectable por el fuego, el frío, el color y cualquier apariencia.

No se puede ver ni comprender nada de cuanto hemos dicho
Si no nos abrimos a reconocer y aceptar
El hecho de que nuestro existir no se circunscribe ni limita
A ninguna circunstancia determinada, ni siquiera a una existencia única.

Sólo desde la intuición o visión de que nuestra vida
Trasciende cualquier fragmento particular de historia personal o colectiva,
Y de que nuestra aventura como almas en evolución es infinita,
Abarcando todas las posibilidades de manifestación y experimentación,
Se puede empezar a entender esto, de otro modo es casi imposible.

Creo que darle al ego y sus expresiones un poder que no tiene es el origen de todo nuestro sufrimiento. Retomar el poder que le hemos entregado al ego es nuestra tarea esencial.


El ego es una construcción físico-mental
De la que nos servimos para vivir de forma segura, adaptada y protegida
En un mundo que se percibe como nada estable y, a veces, amenazante,
En donde los demás, desde su óptica,
Suelen verse como seres separados, distintos esencialmente de nosotros,
De los que defendernos o con los que competir
Y, algunas veces, incluso, con los que combatir.

Uno de los inconvenientes que tiene el ego es que todos los elementos de que consta
Son caducos, cambiantes, relativos, pasajeros y accidentales.

El ego en sí no es malo, incluso es útil y necesario,
Siempre y cuando sea un instrumento alineado con nuestro ser esencial,
Es decir, cuando esté al servicio de nuestra expresión
Como seres creativos que hacen de la vida un medio de expresión
De las infinitas posibilidades artísticas, culturales, científicas, organizativas, intelectuales, lúdicas, etc. que poseemos.

Lo malo del ego se da cuando sus creaciones desvían nuestra atención
Del fondo que las crea y convierte a nuestras manifestaciones egóticas en ídolos.
Entonces el ego nos aparta de nuestro verdadero centro, de nuestro ser,
Y hace de las creaciones materiales y formales, del tipo que sean,
El objeto absoluto en sí de valor, interés y casi de adoración.

Son creaciones del ego o de las que se sirve para autoalimentarse
O de las que servirse, el poder, el dinero, la sexualidad, la fama,
Las posesiones, la apariencia, los títulos, las organizaciones etc.,
Todas ellas se convierten en espejismos cuando nos ocultan la mentira
Que encierran y se convierten en cambio para nosotros
En la fuente única de felicidad, plenitud, alegría, amor y seguridad que no son.

En tal caso y en ese sentido decimos aquí
Que a los productos del ego les hemos otorgado un poder que no tienen,
Un poder falso, engañino, manipulador, egoista y mentiroso.
El ego así visto y entendido se sustenta no sobre la verdad de lo que es
Sino sobre la adulación, la apariencia, las expectativas que no puede satisfacer,
Y las ilusiones vanas.

La persona que no ha visto ni sentido cual es la fuente de su poder,
Un poder que nace de nuestro interior y que se conecta con la Fuente Original
De la que todo poder es una emanación, se convierte así en un esclavo
De los falsos poderes que las manifestaciones egóticas ofrecen.

El verdadero poder estriba en la conexión que uno sabe que tiene
Y que somos capaces de experimentar con la Fuente de todo ser,
De donde procede la energía, la fuerza, la felicidad, el amor, la inteligencia,
La sabiduría, la inmortalidad y la plenitud que todos anhelamos y buscamos.

Cuando hemos visto el sufrimiento que se experimenta y recoge
Por seguir a los falsos poderes del ego al margen del ser
Y hemos vivido la frustración y amargura que ello produce,
Tenemos entonces la oportunidad de volver la mirada al real y verdadero poder,
El Poder que nace de la Fuente de la Realidad que no defrauda
Y de la que existe un manantial vivo en cada individuo;
Es así como nos damos cuenta de que hemos transferido y entregado un poder
A algo que es pura apariencia, en lo que nos alienamos y donde nos perdemos.

Al descubrir esto queremos retomar el poder que nos pertenece y entregamos,
Ese poder que vendimos por el plato de lentejas de la inmediatez ciega
Que sólo buscaba cubrir el fácil confort, la importancia personal
O determinados vacíos expresión de carencias e insatisfacciones interiores.
Y comenzamos a partir de ahí el camino a casa, el camino de la verdadera libertad,
Porque a partir de entonces ya no deseamos ser más peleles o muñecos
En manos de nada ni de nadie, y menos de ídolos de cartón piedra o barro.

Nosotros, fuente de alegría, de paz y de felicidad, esto es lo que ahora reconocemos,
Porque ya hemos descubierto que la Fuente de todo Poder está en nuestro interior,
Una Fuente que a su vez se nutre de la Fuente Una,
Del Poder del Ser, de Lo Que Es, La Realidad Suprema o Divina, Dios.
Cuando se ha llegado aquí nuestro ego queda integrado y al servicio de nuestro ser,
De nuestra creatividad consciente. Lo dirigimos. Somos su señor, no sus esclavos.

Creo que soy un ser libre, el dueño de mi existencia, el responsable único de mi vivir.


Realizo el plan de mi alma día adía, momento a momento,
Y en cualquier circunstancia,
Sea esta agradable o no, fácil o difícil.

Todas las personas
Que de un modo u otro entran a formar parte de mi vida
Son mis colaboradores, a la vez que yo lo soy de ellos,
Para que esto se cumpla.

Por eso siento, creo y sé que siempre estoy en el lugar adecuado
Y en el instante precioso para que lo que se tenga que dar se dé.
Este instante me lo trae todo, y a este instante me he de entregar
Para sentir, expresar y vivir Lo Divino en él,
De la forma más creativa, inteligente, amorosa y viva que yo sea capaz.
Esta es la razón de toda existencia.

Y este es mi propósito fundamental,
Muy fácil de descubrir y ver cuando sé que todo me está interpelando
Constantemente,
Que nada me es ajeno,
Porque todo forma parte de mí

Las demandas que la Vida quiera plantarme vienen solas
Y las respuestas si son totales también.
Buscar fuera de nuestro aquí y ahora es una quimera
Y enredarnos en las dudas una pérdida de energías;
Todo surge a su debido tiempo,
De todo lo que necesitas para dar el siguiente paso dispones ya.

Por eso creo que tengo que amar lo que tengo
Y fiarme de mi intuición que es la voz de mi ser
Para guiar mis pasos y tomar decisiones.
Sé que acierto cuando siento paz.

En el sentir profundo de uno mismo siempre se sabe
Lo que se tiene que hacer y lo que no;
Querer ir más allá de eso es caer en los enredos del ego
Que para sentirse bien siempre precisa de “otra cosa”.
Los caminos del ego nos traen sufrimiento.

Creo en la Fuerza de nuestra Voluntad consciente para la realización de nuestro sentido y propósito en cada encarnación.















El impulso real y básico de la vida en nosotros
Orientado con sentido y para realizar determinados propósitos
No se mueve de manera ciega y caótica,
Detrás de él se halla la Fuerza de la Voluntad Consciente.

La voluntad consciente o deseo de Ser a través de la realidad manifiesta
Es la que le da a la existencia originalidad, imprevisibilidad y creatividad.

La voluntad consciente para ser el potencial que anida en nosotros
Es la que imprime el carácter de libertad a nuestras decisiones.
La voluntad como impulso consciente para la realización
Es una fuerza autodirigida desde el fondo de nuestro ser.

Esta voluntad es la que marca las cadencias, ritmos y características
De cada existencia.
La Fuerza de la voluntad varía en cada individuo
Y depende de su nivel de desarrollo y claridad de percepción y conciencia
Respecto a los objetivos a alcanzar,
También depende de la independencia interior alcanzada respecto a las dificultades que se nos puedan plantear,
Así como del arraigo que uno tenga con su poder interior
Que proviene de nuestro ser y que es la verdadera fuente de toda realización.

No existe nada ni nadie con autoridad real para dirigir nuestra existencia,
Ningún dios, ninguna fuerza misteriosa u oculta hace la vida por nosotros.

Cuando se habla de la voluntad de Dios
No se habla de una voluntad ajena a nosotros mismos,
Sino de la voluntad soberana de nuestro yo superior
A través de la cual se expresa y manifiesta el Dios En Nosotros
Que es lo que somos.

Como somos seres totales en los cuales toda la realidad del universo está presente
Desde el reino mineral, el animal, el ser mental y el ser espiritual,
Nuestra voluntad se puede mover dentro de todo ese espectro de realidades
Dando lugar mientras todas esas voluntades parciales no se hallan bien alineadas e integradas
A la posibilidad de que alguna de ellas domine nuestro actuar y a veces incluso de manera anárquica o hasta perjudicial.

Esto pasa y pasará hasta que llegue el momento en que dentro de nuestro interior
Se establezcan las convenientes alineaciones jerárquicas,
De modo que sea la Voluntad más evolucionada y superior la que prevalezca.

En la esencia de nuestro ser se halla la creatividad,
Pues esta es la ruta que marca todas nuestras existencias;
Pero no es posible dicha creatividad sin la voluntad expresa y consciente,
Tal y como lo hemos querido presentar.

Al final tenemos que aceptar que nuestras existencias no son el resultado de fatalismos,
Tampoco del capricho de nadie, sean dioses o entidades misteriosas y ocultas.
Aunque nos cueste verlo, si profundizamos en esto, y de esto se trata,
Llegaremos a descubrir que nuestra vida es una transcripción exacta
Del diseño y planificación voluntarios que desde los niveles más profundos de nosotros vamos realizando.

Mientras no lo reconozcamos así viviremos como eternos niños
O como adolescentes quejicas poniendo siempre en manos de algo externo
La responsabilidad de nuestras vidas,
O lo que es lo mismo, seremos esclavos virtuales de rejas y carceleros autoinventados,
Es decir, seremos como los habitantes de Matrix
y nuestra vida será un puro espejismo.