domingo, 15 de noviembre de 2015

LA ESENCIA DE LA MATERIA

    
           
Los cosmólogos, físicos y químicos tienen  como uno de sus máximos empeños averiguar cuál es el origen de la materia y de la vida. Para conseguirlo, se esmeran con insistente y meticuloso esfuerzo, quieren encontrar el ladrillo básico y fundamental de la misma, buscando así aquel tipo de partícula, o lo que sea, que se pueda, por fin, presentar como el sustrato primigenio que la constituya; de ese modo es como han conseguido aislar teóricamente decenas de partículas y subpa

rtículas elementales.

Con el fin de constatar esto experimentalmente se construyó el Gran Colisionador de Hadrones, que es un acelerador y colisionador de partículas localizado cerca de Ginebra que tiene como función colisionar haces de protones para examinar la validez y límites del Modelo Estandar, que es el marco teórico actual de la física de las partículas. Lo que en él se hace es chocar haces de protones a una velocidad muy próxima a la de la luz (99,99%) con el fin de producir eventos similares a los ocurridos después del Big-Bang. Se supone que así se puede llegar a conocer algún día la composición esencial de la materia del mismo modo como ya se ha llegado a descubrir el bosón de Higs.

Pero uno intuye que así y con las correspondientes formulaciones teóricas que hacen los físicos, se llegará muy lejos, es verdad, pero nunca lo suficiente como para acceder al verdadero sustrato de lo que se puede entender como material, a no ser que empecemos a verlo como algo muy distinto a como se ha concebido hasta ahora. Y es que, tal vez, empecemos a darnos cuenta de que la materia no existe más que como concepto nominal y como  forma relativa, no esencial ni sustantiva de las cosas.

¡La materia como la entendemos no existe!

Por eso, el bioquímico Rupert Sheldrake, el creador de la teoría  de la “resonancia mórfica” decía que : “hemos de tener en cuenta que la propia materia, de acuerdo con la física moderna, no es más que energía organizada en campos. Estos campos…constituyen su propia esencia y no cabe establecer ninguna dicotomía entre campos y materia. Existen, eso sí, diferentes niveles de organización de campos: los campos de partículas de quantum están organizados por el campo atómico, después están los campos moleculares organizando los átomos y los campos celulares organizando las moléculas, y los campo de tejidos organizando las células…No es que haya nada inmaterial organizando las partículas, es que no existe la materia, en sentido tradicional” (F. Lopez-Seivane, entrevista a Rupert Sheldrake “Candidatos a la hoguera”, edit. por “Más allá, libros.).

Está diciendo, pues, Sheldrake que la esencia de la materia son unos campos de energía que según cual sea su organización dan lugar a las diferentes expresiones de aquella tal y como la conocemos. Parece muy inteligente esta interpretación y la compartimos, siempre que se acepte a su vez la presencia de una sabiduría intencional, sin la cual nada se entendería, la cual dirige y es causa, primero de la formación de esos campos y a continuación del modo como estos se agrupan. De este modo, estaríamos remitiéndonos a un Fondo o Foco más profundo desde el cual todo se gesta y existe. Esa instancia en realidad está más allá de todo nombre y de toda definición, aunque se le ha nombrado de distintas manera, como “matriz divina” (Greg Braden), Campo cero, vacío cuántico, campo akásico (Laszlo), Mente divina, etc.

La mente divina es la matriz de la materia.

Pero para comprender mejor todo esto, nada mejor que escuchar lo que ya hace años, en 1944, decía el premio Nobel de física Max Planck, considerado como el padre de la moderna teoría cuántica, en un discurso en Florencia cuyo título era precisamente el de “La esencia de la materia”. Estas eran sus palabras: “Como hombre que ha dedicado toda su vida a la ciencia más rigurosa, al estudio de la materia, esto es lo que puedo decirles sobre mis investigaciones sobre los átomos: ¡la materia no existe como tal! Toda la materia sólo existe por virtud de una fuerza que hace vibrar las partículas de un átomo y mantiene unido a este diminuto sistema atómico…Debemos suponer que tras esta fuerza existe una Mente consciente e inteligente. Esta mente es la matriz de toda la materia.”.

Difícilmente se puede ser más explícito. Planck está diciéndonos sin ambages que hay una Mente creadora en el origen de la materia y que de esa Mente sale todo, y esto lo dice después de precisar lo que ya decíamos antes: que la materia no existe como algo independiente y autónomo. Ella es tan sólo una expresión de una fuerza, y nosotros añadiríamos que también de un pensamiento y de una voluntad que la organiza así, como la vemos, la descubrimos y la experimentamos: vibraciones, cuerdas, partículas, átomos, moléculas, etc…

Difícil, pues, después de esto establecer fronteras y diferencias radicales entre dos mundos, el de la Mente-Espíritu por un lado, y el de la materia por otro.  Y es que, como la araña extrae desde dentro de sí los hilos con que teje su tela, del mismo modo la Mente-Espíritu-Dios extrae desde su ser la realidad material manifiesta, que no es sino su propio ser también a través de la forma, de las infinitas formas, es decir: lo divino condensado, esta es la verdad de la materia, su esencia, o, dicho de otro modo, lo material como un estado de Dios, y así todo, sin dejar de ser nada el Todo Uno.

Esto, que para quien lo escribe se trata de una profunda convicción, es, en definitiva, lo que los grandes místicos de todos los tiempos han podido experimentar y nos han transmitido, o sea: en el corazón de la Materia Lo Divino, y esto, haciéndose presente y manifiesto en el Mundo. Pero, dejemos que sean ahora las mismas palabras de nuestro admirado Teilhard de Chardin quien nos exprese cómo lo ve:

“A lo largo de toda mi vida, por toda mi vida, el Mundo se ha ido poco a poco encendiendo, inflamando ante mis ojos, hasta que en torno a mí se ha hecho enteramente luminoso por dentro…Tal como yo lo he experimentado al contacto con la Tierra: la Diafanidad de lo Divino en el corazón de un Universo que se ha hecho ardiente…Cristo. Su Corazón. Un Fuego: capaz de penetrarlo todo, y que, poco a poco, se extiende por todas partes”


Poco o nada hay que añadir a esto último, tan sólo cabría, si acaso, ante semejantes palabras juntar las manos y hacer una pequeña reverencia. Pranam.

domingo, 23 de agosto de 2015

Que tu interior te guíe, no la vorágine externa.

Ahora, en momentos de crisis, cuando el futuro de la Humanidad pareciera que se está dilucidando, cuando muchos ofrecen soluciones de todo tipo, no siempre guiadas por el interés de la especie, sino por el de grupos de poder, presión o ideológicos. Ahora, más que nunca, hace falta que tomemos nuestro "pulso interior", que este sí sabe de la dirección y los pasos que debemos de tomar, tanto individualmente como a nivel social y global.

Ahora, es el momento del silencio, para que la Voz de la Humanidad en nosotros, en cada uno sea escuchada. Ninguna acción que no nazca del Fondo de cada ser fructificará sino que sólo repetirá viejos pasos del Ego individual y del Ego colectivo. Y eso no es bueno.

Ahora, es el momento de escuchar el pálpito de nuestro saber interior, única manera de encontrar la salida, la mejor, en esta hora y en esta encrucijada.

Un abrazo
.

sábado, 19 de abril de 2014

EL JESÚS HISTÓRICO Y EL CRISTO

    


            Según el profesor en escrituras Antonio Piñero, uno de los mejores conocedores del antiguo y nuevo testamento de nuestro país, el noventa y nueve coma nueve, nueve, nueve por ciento de los actuales estudiosos de la biblia y en concreto de la figura de Jesús, independientemente de que estos sean agnósticos, ateos o creyentes afirman que Jesús no es un mito ni una invención, tal y como algunos, teólogos incluidos, pretenden o dicen, sino que existió realmente, otra cosa diferente es la interpretación que cada grupo, religión o persona particular haya hecho o haga de su vida, significado y mensaje, aspectos todos ellos que son discutibles y más que opinables. Personalmente creo que Jesús ni fundó una iglesia, ni estableció unos dogmas, ni se ocupó de estructurar religión alguna, sino que todo esto lo hicieron otros a los que les interesaba hacerlo y no precisamente para profundizar en la figura de Jesús sino tomándolo a este como pretexto. Dicho de otro modo: las iglesias y las religiones son creaciones e inventos muy humanos, y, por eso mismo, relativos, culturales, para orientar, controlar y conducir a la sociedad de un modo determinado.

            Personalmente no estoy especialmente interesado en la figura del Jesús histórico. Sus milagros, el modo como vivió, murió y, como se dice, resucitó, tampoco son para mi los referentes definitivos y significativos a los que remito. Allá cada cual con sus creencias. A mí, lo que me atrae de verdad, lo que me vibra interiormente, lo que me despierta y me hace conectar con el ansia profunda y verdadera de mi alma que anhela la inmortalidad y la verdad radical de su ser, es lo divino y el sentido que me despierta y me hace sentir el Cristo, el ser crístico, hacia el que Jesús apuntó, ese cristo más allá de lo externo en Jesús y que este quería despertar en el interior de quienes a él se acercaron. Jesús, en este sentido, en cuanto biografía e historia, es la anécdota, y por eso mismo lo más manipulable por los seres humanos, iglesias y vaticanos incluidos, eso me interesa poco, pasa y pasará, pero no así el Cristo.

            Yo sí creo, en cambio, en el ser crístico, que es como prefiero llamarle, y El existe, existió y existirá siempre, es Lo Divino, el alma de Jesús que conecta con todas nuestras almas. Hacia eso nos podemos enfocar, y en ello podemos sentir y vivir, pues es la dimensión más elevada y profunda de nosotros mismos, Esto no es una idea, ni una creencia, ni necesita de ninguna religión, dogma o tradición para ser vivido y experimentado; ya está presente en nosotros, es lo más grande, lo más luminoso, lo más vivo y poderoso que podamos intuir o imaginar. Nos podemos dirigir a ello no con nuestra mente sino con nuestro corazón, no con nuestra cultura o tradición sino con nuestra alma limpia y entregada. Sólo si te abres y te vuelcas en ello lo puedes saborear, “tocar” y discernir de algún modo.


            El Cristo es lo divino en nosotros, es Dios en cada ser, es nuestra dimensión más real y verdadera, la única que nos puede hacer libres, sabios, amorosos, expansivos y totalmente realizados. El ser crístico es lo único importante de Jesús, desde donde dice aquello de que mi Padre y Yo somos uno, que es como decir que Dios y mi alma somos uno, lo mismo que nos pasa a todos los seres humanos. Cristo en mí como yo. Esto es y en esto creo. Se puede sentir y se puede percibir: abre tu corazón y tu mente y todo tu ser a lo más elevado de ti mismo y verás como es así, es más experimentarás cómo “desciende” y te llena como en una pascua de pentecostés. Lo demás es secundario.

lunes, 31 de marzo de 2014

¿CREACIÓN DE VIDA ARTIFICIAL?

¿CREACIÓN DE VIDA ARTIFICIAL?

            Leo en el Diario El Mundo, viernes, 28 de Marzo de 2014, escrito por Miguel G. Corral, lo siguiente: “El sueño de la vida artificial está hoy un paso más cerca. Científicos de EEUU han creado el primer cromosoma complejo fabricado en un laboratorio…El hallazgo abre la puerta a la producción de alimentos, fármacos y biocombustibles con genes a la carta programados por el ser humano…Jef Boeke, que acaba de abandonar su puesto en la (Universidad) John Hopkins por la dirección del centro médico Langone de la Universidad de Nueva York, ha logrado crear el primer cromosoma complejo fabricado desde cero en un laboratorio…su cromosoma difiere en gran medida de lo que la selección Natural ha tallado durante milenios”

            Acerca de este texto por una parte, y del importante logro científico al que se refiere, por otra, quiero precisar, eso sí, desde mi condición de notable inexperto, -quede constancia de ello-, en lo que al ámbito de la ciencia sobre la que estamos tratando se refiere, aunque compatible también con mi profundo interés por los aspectos filosóficos o que como tales se puedan derivar de aquellos, las siguientes consideraciones, unas de carácter formal y otras estrictamente metafísicas:

            Lo primero que llama la atención es el interés, que no concuerda con la realidad de lo sucedido, a la hora de afirmar que se ha fabricado un cromosoma complejo “desde cero”, hecho que es desmentido por su creador Boeke cuando afirma que: a “nuestro genoma...Le hemos introducido miles de cambios, así que es muy diferente del cromosoma natural…eliminamos una gran cantidad de ADN que creíamos que no era esencial”. Se ve, pues, que son cambios, arreglos,.., pero a partir de cero en absoluto, sino manipulando uno de los dieciséis cromosoma de la célula eucariota (un solo núcleo) del hongo de la levadura sobre el que se trabajaba. Tampoco se puede hablar “de cero” cuando se está partiendo de una célula previa, la de la levadura, de la que se extrajo el cromosoma al que se le efectúan los pertinentes cambios, y en la que se reintroduce después para que realice sus funciones, aunque con nuevas capacidades.

            La otra cosa que resulta chocante es cuando se afirma con desmesurada ligereza y prisa que ahora estamos cerca de la creación de “vida artificial”. Desmesurado e inadecuado, ya que los términos vida y artificial son absolutamente incompatibles. Porque la vida es algo “per se”, esencia, la base de todo, de ahí que no se pueda crear ni fabricar. No es el resultado de la suma de compuestos o de partes, sino que es anterior a todos ellos, lo cual no sucede con “lo artificial” que se construye, esto sí, y a partir de otros elementos. Absurdo es pretender crear vida cuando la Realidad es eso: Vida.


Con todo, es cierto que se podrán construir en el futuro cromosomas desde cero, incluso células, también cerebros,  y hasta cuerpos enteros, pero la Vida no es un “algo” sino el mismo ser, vivificando como alma cada célula o cada cuerpo humano. Este ser, que es vida de las cosas es increable, La Vida manifestación del Espíritu es fuente y raíz de toda creación, no aumenta ni disminuye, lo interpenetra todo. En cambio, en un laboratorio lo que se cree siempre será un “arte-facto y mecánico”, aunque sea el resultado de sofisticado diseño y elaborada ingeniería genética, incluso se podrá manipular y modificar el material biológico ya existente, pero, en cualquier caso, la vida sigue otro proceso. Ella sólo puede proceder de sí misma, aunque se muestre bajo infinitos rostros. Y es Ella como Conciencia-Espíritu de donde emana la materia.

domingo, 9 de marzo de 2014

LO QUE YO CREO EN ESENCIA


                                                                                                    
Creo en Lo Real-Divino, le puedes llamar Dios, Fuente, Base y Ser de Todo, desde lo cual y en lo cual nace y existe cuanto es, ha sido y será. Creo en Dios como la expresión máxima de mí, y creo en lo que yo soy como una manera y una forma del Ser de Dios en evolución sin fin a  través de mí. Creo que soy en la medida en que Dios es en mí y yo en Él. Creo en Dios como algo real, una Presencia que es intrínsecamente gozo, sabiduría y energía sin fin. Allá donde fijo mi atención está y en todo es.

Creo que Eso a lo que llamo Dios no es algo externo a mí ni a nada de cuanto es. Toda forma de dualidad en la percepción siempre es equívoca y, por lo tanto falsa. Sólo me realizo en la medida en que me identifico con Dios y lo vivo.

Creo que el principio básico de orientación y centramiento para todo ser humano es su propia conciencia, que es la sede única y auténtica de la divinidad en él, su verdadero ser. La voz de la propia conciencia es la guía única y definitiva a la que nos debemos, cualquier otra instancia, como una religión, un maestro o un guía del tipo que sean deben supeditarse siempre a nuestra sabiduría interior, al desarrollo de la cual ha de tender todo esfuerzo y tarea en la Tierra.

Creo que todo ser humano desde que nace es inocente, limpio y bueno, sin carga ni pecado alguno; otra cosa diferente y resultado de la propia evolución, aprendizaje y crecimiento, es el bagaje personal y colectivo que uno traiga consigo fruto de sus propias acciones, decisiones y apegos del pasado, es decir, de vidas anteriores, y que conllevan determinado tipo de efectos que en la presente vida se manifiestan.

Creo en el renacimiento de nuestras almas en sucesivas encarnaciones que nos permiten actualizar y desarrollar progresivamente todo nuestro potencial infinito. Creo que la muerte es un puro trámite, un paso que nos da acceso a un nuevo plano de existencia en un nivel de vibración muy sutil, el espiritual, en el cual continuamos existiendo y viviendo plenamente.

Creo que todos tenemos una tarea básica que  realizar en cada existencia, a través de múltiples experiencias, que tienen como finalidad elevarnos de menor a mayor conciencia, de menos a un más grande amor, y de menor poder interior a un mayor poder y capacidad de manifestación, creatividad y realización.

Creo que a nivel del nuestro ser nadie nos condena ni nos salva. Somos cada uno de nosotros con nuestra conciencia los que vamos descubriendo los cambios a realizar y las mejoras a introducir en orden a actualizar, cada vez más, en nosotros y con los demás las más bellas aspiraciones que en el interior de nuestra alma se hallan inscritas y tienden a expresarse.   

Todas las experiencias por las que pasamos son necesarias si es uno el que las necesita y quiere realizarlas, calificarlas de morales o inmorales desde nuestros patrones culturales, religiosos o de cualquier otro tipo es un error: otra cosa diferente es que socialmente las toleremos, permitamos o rechacemos. Dios no juzga, ni salva, ni condena. En Él todo es asumido y perfecto.

Creo que la mejor garantía para crear una sociedad equilibrada, justa, amorosa y potenciadora del ser de los demás es alentar la presencia y el desarrollo de individuos abiertos a los valores del espíritu, de cuya constancia son indicios: el gozo, el amor interior, el sentimiento de empatía y apoyo hacia los demás, y el cuidado y respeto hacia todas las formas de vida y existencia.

Creo que vivir es básicamente un aprendizaje y una experiencia. Esto es la clave de toda evolución dentro de la cual hemos decidido voluntariamente participar,  existir  y ser. Cada uno tendrá que descubrir su papel y aquello hacia lo que su alma le impulsa para realizar la tarea que le trajo a nacer en este mundo.

Creo que las circunstancias y los demás son el espejo en el que podemos ver y descubrir aquello que tenemos que mejorar, trascender y aprender. Cada sufrimiento es un mensajero y un espejo que nos recuerda aspectos de nosotros que necesitan ser sanados, perdonados, acogidos y amados. Creo que los calificados como enemigos, contrarios o “divergentes” no son sino los cómplices que vienen en nuestra ayuda para que realicemos las tareas que en notros debemos de hacer. En realidad, nuestros enemigos no son nuestros contrarios sino nuestros complementarios, aquellos con los que nuestras almas pactaron, aunque no lo recordemos, para que nos facilitaran el trabajo que habíamos venido a realizar. Unos y otros nos necesitamos para llevar a cabo nuestro propósito y misión.

Creo que traspasar el velo de cualquier espejismo del mundo de la apariencia y de la forma, así como liberarnos de la esclavitud de la importancia personal, al tiempo que descubrimos la esencia que anida en cada ser es una tarea imprescindible que todo debemos realizar para avanzar y crecer, lo contrario es continuar en la ignorancia y en la esclavitud del ego.

Creo que el amor incondicional hacia nosotros mismos, sea cual sea nuestra vida presente o pasada, así como el acogimiento amoroso y la reconciliación con cualquier clase de sombra, de dolor, de incomprensión, soledad, rechazo o cualquier otro tipo de sufrimiento por el que hayamos atravesado es la condición necesaria e imprescindible para avanzar en el camino hacia la luz y el verdadero amor con los demás. Creo en la necesidad irreemplazable de abrazar de forma total e incondicional a nuestro niño o niña interior, hasta rescatarlos, desde nuestra posición de adultos conscientes, de todo trazo de soledad, incomprensión o rechazo.

Creo que cada uno vivimos el mundo y las circunstancias que hemos decidido imaginar, crear y experimentar. Nuestras posibilidades son infinitas, como también los mundos y los universos. La infinidad de seres que existen son nuestros hermanos.

Creo que el auténtico crecimiento se produce en la medida en que vamos adquiriendo mayor conciencia del amor, el poder y la sabiduría de Dios en nosotros, hasta convertirnos así en auténticos seres autónomos y libres, dioses y diosas creadores de luz y liberadores de toda sombra de oscuridad, primero en nuestro interior y luego en el mundo del que formamos parte.

Creo que sólo la alegría sin objeto, la que surge de nuestro ser, el sentimiento de plenitud interior y el impulso por compartir lo mejor de nosotros mismos, incondicionalmente, son los signos reales y auténticos de crecimiento espiritual y de que nos hallamos en el camino adecuado y recto. El fin de toda existencia consiste en expresar y realizar en la Tierra la Vida Divina.











miércoles, 19 de febrero de 2014

UNA CUARTA RAZA EN NUESTROS GENES



 

            Los investigadores que rastrean nuestro origen biológico han encontrado, al parecer, pruebas, en restos fósiles de la antigüedad, de cuatro razas presentes en la conformación del ser humano, de las cuales tres de ellas serían conocidas e identificables por nosotros, como es el caso de neandertales, homo sapiens y homo sapiens sapiens, mientras que, respecto a la cuarta sobre la que permanecería la incógnita, los más aventurados y abiertos apuntan, como ya en su tiempo lo hizo Francis Crik, uno de los descubridores de la doble hélice del ADN, a la intervención extraterrestre. Según esta hipótesis, cada vez más aceptable y verosimil, seres procedentes del exterior  habrían intervenido en nuestra existencia.

            De ser esto así, muchas de las dudas y vacíos que hoy tenemos para comprender la evolución quedarían disipadas, sobre todo aquellas que quedan situadas dentro de los llamados “eslabones perdidos” que en realidad no explican nada, y menos aún que el cuerpo físico de los seres humanos experimentara una mejora repentina y todavía inexplicable hace 200.000 años y que, de pronto, la forma física llamada homo erectus se convirtiera en lo que ahora llamamos homo sapiens con la capacidad de hablar un idioma complejo y con un tamaño del cerebro que había aumentado en gran medida.

El biólogo Tomas Huxley ve esto inexplicable ya que para él los saltos evolutivos que se dieron para pasar del homo erectus al sapiens hubieran precisado con la evolución darwiniana normal de millones de años. Sólo una intervención extraterrestre podía explicar, pues, esta anomalía. Y esto mismo es lo que expone y explica Alan F. Arnold en su libro “Los dioses del nuevo milenio” (Ediciones Martinez Roca) para quien  para llegar al hombre actual como lo conocemos tendrían que haber pasado 30 millones de años evolutivos a partir del homo erectus, mientra que, en cambio, sabemos que el homo sapiens surgió de este hace tan sólo 200.000 años; en este caso, y de la misma manera, F. Arnold plantea que tal misterio sólo tiene como única explicación una intervención genética exterior.

            Para ayudar a resolver este enigma contamos hoy con una información privilegiada que ha permanecido para muchos ignorada o marginada desde los ámbitos de la ciencia oficial y que ya se empieza conocer, gracias a la difusión de su contenido, entre otros, por el conocido escritor e investigador David Ike. Nos estamos refiriendo a un descubrimiento que un ingles, sir Austen Henry Layard, hizo en 1850, a unos cuatrocientos kilómetros de Bagdad, en Irak, mientras excavaba en Nínive, en la capital de Asiria, de decenas de miles de tablillas de arcilla (algunos se refieren a ellas como las “tablas sumerias”) en las que se habla de una raza avanzada que había venido a la Tierra interviniendo activamente en nuestra vida.

El traductor más famoso de estas tablillas es el autor y erudito Zecharía Sitchin, hoy ya fallecido, que sabía leer sumerio, arameo, hebreo y otros idiomas del Oriente Próximo y Medio. Para él no hay ninguna duda de que describen seres extraterrestres, los annunakis, que llegaron a la Tierra, hace 450.000 años, procedentes del planeta Nibiru. Según cuenta David Ike, de quien extraemos esta información, lo más sorprendente de estas tablillas es la manera en que describen la creación del Homo sapiens combinando en un tubo de ensayo los genes suyos y los de los humanos nativos para crear un ser humano “actualizado” capaz de realizar las tareas que requerían los annunakis.
Tendríamos así ya el origen del primer hombre y la primera mujer tras manejar el ADN de los herederos del Homo neanderthalensis (seres arborícolas frugívoros con pequeños retazos de conciencia de sí, pero poseedores en su sangre de una biblioteca genética excepcional con las claves genéticas, -tal y como nos dice Emilio Fiel, a quien estamos citando- de la Federación Galáctica) y mezclarlos con algunos genes de su propia sangre azul. “Así crearon al “sapiens sapiens” a su imagen y semejanza, lo crearon como un ser obediente y devoto de sus creadores, pero también miedoso y agresivo, para que tuviera que depender de su protección. Fuimos como ganado para ellos. Estos dioses se alimentaron de nuestra energía, nos usaron como juguetes sexuales, batallamos en sus guerras y trabajamos en las minas de oro para ellos. No es verdad que fueran tan bondadosos y desinteresados. Entre todos ellos cabe destacar a Yaweh, padre de la mente y la separatividad humana, que junto con otros piratas estelares (Allah, Ra, Viuracocha…) crearon un imperio de terror en la Tierra”. (Emilio Fiel, “Peldaño a peldaño”, Mandala Ediciones). “Defendámonos de los dioses”, dice Salvador Freixedo, no sin cierta razón, de esos falsos dioses para quienes la Tierra se convirtió en una especie de “granja humana” que ellos controlan, dirigen y manipulan según sus propios intereses para nada divinos, aunque como tales se hicieron pasar ante nuestros ojos pasmados e ignorantes que contemplaron deslumbrados a los venidos de otros mundos y que ni tan siquiera pertenecían a un nivel superior de conciencia, sino que eran, por el contario, tremendamente egoístas e insensibles.

De todas formas, lo más probable, creo yo, es que hayan intervenido en la humanidad y su desarrollo seres extraterrestres no sólo empeñados en sus propias aspiraciones de dominio y poder dentro de la galaxia o fuera de ella misma, sino también otros más elevados desde el punto de vista del desarrollo y nivel espiritual que de alguna forma también han querido influenciar positivamente en nuestra evolución. Pero, dicho esto, lo que siempre hay que recalcar y dejar bien claro sobre cualquier consideración que se haga en este u otro sentido, y para no confundirnos, quedando atrapados en el relato, por muy extraño, complejo o bárbaro que nos pueda parecer, es que nosotros, cada uno en particular, aunque encarnados como humanos, en esta humanidad entroncada con tanta ramas raciales, somos sobre todo “otra cosa” muy distinta, somos cada uno un alma, y en este sentido tenemos que decir lo siguiente:

“La personalidad y el cuerpo que la sustenta son aspectos artificiales del alma. Cuando al final de la encarnación del alma han cumplido sus funciones, aquella les abandona. Llegan al final, pero no así el alma. Después de una encarnación, el alma regresa a su estado inmortal y eterno. Vuelve una vez más a su estado natural de compasión, claridad y amor infinito. Tal es el contexto en que se desarrolla nuestra evolución: la encarnación y la reencarnación continuas de la energía del alma en el campo físico, en nuestra escuela terrenal” (Gary Zucav). Nacimos, como humanos, en esta humanidad posiblemente manipulada por otras razas, no importa, con estas características tan especiales y particulares, tan contradictorias, en la que el amor y la creatividad más excelsa son posibles y capaces de convivir  junto a los más execrables crímenes y depravación. Aquí vinimos voluntariamente, no hay que olvidarlo, para aprender, conocer y amar, y cómo no, para liberar también con nuestra aportación todo rastro de oscuridad que esté en lo más profundo de nuestros genes. Nuestro trabajo es titánico, heroico y maravilloso, la mejor tarea para quienes tengan como nosotros, los que aquí hemos elegido encarnar, una voluntad firme de ascender a los niveles más altos de la conciencia y de la luz, algo que sólo se puede alcanzar después de haber vencido y abrazado a los peores “dragones” y “reptiles” de la sombra. En eso estamos.

martes, 4 de febrero de 2014

CONCIENCIAR NUESTROS MIEDOS Y ATRAVESARLOS.



    

            Los miedos, tantos, tan diversos, han hecho de nosotros seres en huida constante, seres que han tenido que hacer de sus vidas estructuras y fortalezas de autodefensa y protección en vez de lugares para el gozo y la alegría, para la afirmación creativa y el disfrute de ser. Hemos huido de muchas maneras: consumiendo desenfrenadamente o sin ton ni son para satisfacer necesidades absurdas e irreales, ejerciendo el dominio y la manipulación abierta o sutil de unos sobre otros, ignorando o negando todo aquello que nos pudiese producir dolor, proyectando sobre los demás y culpabilizándoles de la causa de nuestros sufrimientos, convirtiéndonos en víctimas o en explotadores, todo eso menos recurrir a nuestro propio ser, a nuestro verdadero poder interior para afirmarnos en la paz, la serenidad, la verdad y la confianza que sólo pueden surgir de la Fuente, siempre presente, que anida en nuestro corazón.

            Nos hemos cerrado a toda posibilidad de dolor, tal es el miedo ancestral que existe dentro de nosotros a sufrir, y, como consecuencia, nuestro cuerpo ha acusado todas nuestras cerrazones, se ha comprimido, apretado, haciendo que la energía de la vida se fuese bloqueando, y por eso nuestra salud, no sólo la física, también la emocional, la mental y la espiritual, se ha resentido y se resiente tantas veces. Así es muy difícil crecer, evolucionar y ser de verdad felices. Con el miedo en nuestros cuerpos es muy difícil que la plenitud de la Vida se sienta y se exprese. Por eso lo tenemos que afrontar, deshacer y traspasar; de lo contrario, cualquier manifestación nuestra estará viciada y distorsionada, incluso la espiritual. Decía Madre, la compañera de Sri Aurobindo que ante nuestros miedos y debilidades “existen millones de maneras de huir; sólo hay una de quedarse, que es tener verdaderamente valor y resistencia, aceptar todas las apariencias de la enfermedad, las apariencias de la impotencia, las apariencias de la incomprensión, la apariencia, sí, de una negación de la verdad. Pues si no la aceptamos ¡jamás podrá ser cambiado!” Y, evidentemente, aceptar para ella no significaba plegarnos de brazos sino abrazar cada uno su parte de sufrimiento y sanarla en uno mismo. No existen alternativas.

            Y la mejor forma de sanar nuestros miedos es a través de la atención sostenida y presente, o sea, poniendo conciencia sobre ellos, mirándolos cuando vienen o cuando intencionadamente los traemos para saldarlos, pero siempre con la respiración conectada, sin cortarla, no bloqueándonos ni cerrándonos al llanto ni al dolor, sino de frente y hasta el fondo, sin escapar cuando se presentan y dejando que nuestro yo superior, la Presencia de nuestro ser, nuestro propio mirar, los disuelva, hasta quedar, donde había angustia, ansiedad y malestar, la paz de nuestro interior, la pura conciencia de ser. Este es el auténtico camino de liberación. Es a esto a lo que Michael Brown le llama el Proceso de la Presencia que nos pide que “optemos por afirmarnos sobre nuestros propios pies y que no nos escondamos de nuestro dolor, ni que le pasemos la responsabilidad a otra persona…se nos está pidiendo que creamos en el poder inherente de nuestra presencia interior…se nos está pidiendo que nos abracemos a él (a nuestro malestar y a nuestro dolor) con toda nuestra atención y con nuestra intención más compasiva, que mantengamos conectada nuestra respiración, y miremos en profundidad ese dolor”

            Este es el Camino de los hombres y mujeres que aspiran a ser, de verdad, libres, guerreros de la luz y el amor en un mundo que duerme aún en la inconsciencia.